A las 19.00, la Puerta del Sol estaba despejada: no quedaban tiendas ni enseres del campamento desalojado durante la madrugada del lunes al martes. Solo persistía la cinta adhesiva que había sujetado lonas y pancartas en postes y farolas.
Unas 500 personas recorrieron la calle de Alcalá hasta Cibeles y regresaron a Sol. La marcha cerraba un mes de acampada; parte del núcleo organizador ya había dejado el asentamiento, como recoge la evolución del asentamiento. Los manifestantes reclamaron el fin de los desahucios y corearon: “Un desalojo, otra ocupación”.
El desalojo, que los participantes consideran violento, marcó la protesta. Muchas personas llevaban mascarillas, pañuelos palestinos o capuchas y cantaron contra la policía: “Vergüenza me daría ser policía”. Aunque algunos querían permanecer más tiempo en Cibeles y aumentar la confrontación, la mayoría optó por dialogar con los agentes. La marcha transcurrió sin incidentes e incluyó un minuto de silencio en honor a Maricarmen.
Al regresar a Sol, unos cientos de manifestantes se sentaron frente a la policía durante una hora. El ambiente fue distendido y se escuchó la pregunta irónica “¿Dónde están nuestras tiendas?”. Un chico bromeó con la posibilidad de sacar las tiendas escondidas y volver a acampar; otro recordó las campanas de la Real Casa de Correos, que sonaban por la noche durante las primeras jornadas del asentamiento.
Antes de la marcha, tres testigos de Jehová predicaban junto al ascensor de Cercanías. Cerca de allí, operarios del Ayuntamiento pintaban de negro una farola. Turistas se fotografiaban con el oso y el madroño, rodeado por una valla de seguridad. De las tiendas quedaban solo las marcas de cinta en la plaza.