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Convierto unos simples tomates en un aperitivo de fiesta: vale para una celebración o para picar algo, y queda de lo más vistoso

Los tomates rellenos tienen algo de aperitivo de boda de los 80, y por eso mismo nunca fallan. Esta versión se monta en un cuarto de hora, sin horno ni fuego más allá de cocer un huevo, y llega a la mesa con aspecto de haber costado mucho más.

Tomates rellenos: un aperitivo vistoso que se monta en un cuarto de hora.
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El relleno es una crema de queso, huevo cocido y ajo que se prepara en cinco minutos y se mantiene firme dentro del tomate. Sirve igual para una celebración que para un picoteo improvisado cuando aparece alguien sin avisar.

Los ingredientes

Para un plato de aperitivo:

  • 250 g de tomates: tomates pera para mitades más grandes, o cherry para bocados de una vez.
  • 80 g de queso fundido en porciones o en bloque, bien frío.
  • 1 huevo cocido.
  • 1-2 dientes de ajo.
  • 2 cucharadas de mayonesa.
  • Sal, pimienta negra y perejil o cebollino fresco.

El queso tiene que salir de la nevera justo antes de usarlo. Frío se ralla sin problema; a temperatura ambiente se pega al rallador y forma una pasta difícil de manejar.

Tomates partidos por la mitad: se vacían y se dejan escurrir antes de rellenarlos.

El relleno y el montaje

  1. Cuece el huevo 10 minutos en agua hirviendo, enfríalo y pélalo.
  2. Ralla fino el queso y el huevo en un bol.
  3. Añade el ajo prensado, la mayonesa, una pizca de sal y pimienta, y mezcla hasta obtener una pasta espesa.
  4. Corta los tomates por la mitad a lo largo y retira el pedúnculo.
  5. Vacíalos con una cucharilla, retirando la pulpa y las semillas.
  6. Rellena cada mitad formando un pequeño montículo.
  7. Refrigera unos 10 minutos y decora con las hierbas justo antes de servir.

Antes de rellenar, las mitades vacías se pueden dejar boca abajo sobre papel de cocina unos minutos. Así escurren el líquido que les queda dentro, y el relleno se mantiene firme en lugar de aguarse en el plato.

Al tomate no se le echa sal antes de rellenarlo. La sal le saca el agua en pocos minutos y convierte la fuente en un charco; todo el sabor salado que necesita el bocado ya va en el relleno.

A la hora de servir, una fuente amplia con las mitades bien separadas luce mucho más que un plato lleno hasta el borde. El rojo del tomate, el amarillo pálido del relleno y el verde de las hierbas hacen el resto.

Variaciones y aprovechamiento

La base admite muchas versiones. Una lata de atún escurrido mezclada con el relleno convierte el plato en los clásicos tomates rellenos de atún, y unas aceitunas picadas o un poco de pimiento del piquillo le dan color y un punto más de sabor.

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La pulpa que sale de los tomates no se tira: se congela y queda lista para un sofrito, una salsa de tomate o un salmorejo. En una fiesta con muchos invitados, los tomates se pueden montar un par de horas antes y guardar en la nevera, y la decoración con hierbas se deja para el último momento, para que llegue fresca a la mesa.

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