Dos correos de la Delegación del Gobierno enviados en menos de una semana precedieron la salida de unas 600 personas de la acampada, según Zahira Pagán, portavoz de quienes se marcharon. El aviso señalaba que «podría resultar legítimo ponerle fin» a la concentración.
La mayoría de las comisiones que sostenían el asentamiento dejó la Puerta del Sol tras más de un mes. Sus integrantes plantearon trasladar la actividad a los barrios y convertir Acampada 26S en un movimiento social y de clase trabajadora. Para ellos, la concentración ya había conseguido colocar sus reivindicaciones en la agenda.
El campamento no quedó vacío. De las diez comisiones originales seguían activas Comunicación y Pulmón, además de algunas personas de Cuidados y Cultura. También permanecía la Asociación de personas sin hogar, según Pagán.
La salida se produjo sin un acuerdo común para desmontar todo el espacio. Los acampados llevaban semanas debatiendo esa posibilidad: la mayoría consideraba que permanecer en Sol no abriría nuevos objetivos políticos y desgastaría a quienes sostenían la protesta. El consenso necesario para una decisión conjunta nunca llegó.
Pagán explicó que en una asamblea celebrada el jueves se conoció un segundo correo de la Delegación, que reiteraba el aviso anterior e instaba a los acampados a marcharse por su seguridad. Las salidas se sucedieron entre el viernes y el sábado. Una fuente conocedora del asentamiento, que pidió mantener el anonimato, afirmó que quienes permanecían allí eran conscientes del posible desalojo y de que, según la Delegación, el derecho de reunión había decaído.
La acampada comenzó el 26 de septiembre en la Puerta del Sol tras el desahucio de Maricarmen Abascal, vecina de Retiro. Tuvo que dejar su casa a los 87 años y murió en el hospital tres semanas después. En los 35 días del campamento, el Congreso de los Diputados votó los llamados decretos Maricarmen, que no fueron aprobados. Las primeras tiendas las instaló el Sindicato de Inquilinas.