Editorial

Barcelona · Actualidad local

En vez de pechuga seca, hago el pollo en salsa de ajo y miel: cada trozo queda bien empapado y está de vicio

La pechuga a la plancha tiene mala fama, y bastante merecida: se pasa un minuto y queda como cartón. Esta receta la rescata con tres trucos sencillos, una salsa de ajo, miel y soja, y diez minutos de sartén.

Pollo en salsa de ajo, miel y soja: brillante y empapado hasta el centro.
Legion-Media

Contenido del artículo

El resultado tiene algo de cocina asiática de barrio y mucho de cena de diario: carne tierna, una salsa brillante que se pega a cada trozo y un aroma a ajo tostado que llega hasta el recibidor.

Los ingredientes

Para cuatro raciones:

  • 600 g de pollo: pechuga en filetes gruesos o contramuslo deshuesado.
  • 6 cucharadas de harina, 1 cucharadita de sal y media de pimienta.
  • Aceite de girasol para la sartén.
  • 4 dientes de ajo picados.
  • 1,5 cucharadas de miel.
  • 50 ml de salsa de soja.
  • 25 g de mantequilla.
  • 150 ml de agua.
  • Cebolleta para servir.

La salsa de soja ya es muy salada, así que la sal de la harina es toda la que necesita el plato. En la salsa no hace falta añadir ni un grano más.

Ajo picado: dorado claro en la mantequilla, nunca oscuro, o amarga la salsa.

Paso a paso

  1. Haz cortes poco profundos en los filetes, en paralelo y a unos 2 cm uno de otro, sin llegar a atravesar la carne.
  2. Enharina el pollo con la mezcla de harina, sal y pimienta, y sacude el exceso.
  3. Dóralo a fuego medio en una sartén con un poco de aceite, unos 2-3 minutos por cada lado, y resérvalo en un plato.
  4. Funde la mantequilla en la misma sartén y sofríe el ajo 30 segundos, sin que llegue a tostarse.
  5. Añade la soja, el agua, la miel y la pimienta, lleva a ebullición y deja hervir 1 minuto a fuego fuerte.
  6. Devuelve el pollo a la sartén, tapa y cocina 1,5-2 minutos por cada lado, bañándolo con la salsa.

Si se usa pechuga, conviene que los filetes no pasen de 2 cm de grosor; una pechuga entera se abre en libro o se corta en dos filetes. Así se hace en los tiempos de la receta y llega a la mesa jugosa. El contramuslo aguanta más, y queda tierno incluso con un par de minutos de más.

Los cortes en la carne son los que cumplen la promesa del titular: abren canales por los que entra la salsa, y cada trozo sale empapado hasta el centro.

Además, la rejilla de cortes evita que el filete se encoja y se arquee en la sartén. La carne se dora por igual y se hace en el mismo tiempo de punta a punta.

Por qué la salsa queda tan brillante

La harina del rebozado hace un doble trabajo. Primero dora el pollo y crea una costra fina, y después, al volver a la sartén, suelta parte de su almidón en el líquido y espesa la salsa hasta dejarla con textura de glaseado.

Te puede interesar: Convertimos la parte más barata del pollo en una obra maestra: una delicia con glaseado de caramelo

La miel, por su parte, carameliza con el calor y da ese brillo de restaurante, y la mantequilla redondea el conjunto y suaviza la fuerza de la soja. El ajo tiene que quedar dorado claro: oscuro amarga, y con él toda la salsa.

Se sirve recién hecho, con la salsa por encima y la cebolleta picada. Con arroz blanco es redondo, porque el arroz recoge hasta la última gota, y también funciona con fideos o con unas verduras salteadas.

Anteriormente escribimos: Guiso de patatas con cerdo y cebolla: un plato sencillo y aromático para una comida de otoño