Una seta parecida a otra comestible puede ser tóxica o incluso mortal, y las fotografías de guías y aplicaciones no bastan para confirmar su identidad. La Comunidad de Madrid recomienda consultar a un experto o a una sociedad micológica y no consumir el ejemplar si hay dudas.
Para aprender a distinguir especies, la Central de Reservas de la Sierra de Guadarrama ofrece jornadas que combinan senderismo con expertos y talleres de identificación. En Cercedilla se abordan el hábitat y la alimentación de los hongos, además de su ciclo de vida, las características de las especies y la toxicidad de algunas.
Las actividades se ofrecen en Cercedilla, Guadarrama, Navacerrada, Rascafría, Becerril de la Sierra y Guadalix de la Sierra. También llegan a Miraflores de la Sierra, Collado Mediano, Bustarviejo, Moralzarzal, Los Molinos y Hoyo de Manzanares.
Antes de salir al monte conviene comprobar si está permitida la recogida en la zona y qué restricciones se aplican. Sierra Norte de Madrid aconseja no remover el suelo y respetar los espacios frágiles; la red de caminos Carpetania ofrece recorridos para conocer los paisajes de la comarca.
Cuando se pueda recolectar, las recomendaciones son llevarse solo lo que se vaya a consumir y dejar en el monte los ejemplares inmaduros o deteriorados. Para transportarlas, se aconsejan cestas transpirables en lugar de bolsas de plástico. Mantenerse en los caminos ayuda a reducir el pisoteo y la compactación del terreno.
Las setas venenosas o desconocidas tampoco deben destruirse: cumplen una función en el ecosistema. Si se sospecha una intoxicación, hay que acudir de inmediato a un centro sanitario de urgencias y llevar, si es posible, restos de los ejemplares consumidos para facilitar su identificación.
Los robledales, encinares y pinares de la Sierra Norte de Madrid albergan distintos hongos. Entre ellos figuran níscalos, boletus, setas de cardo y senderuelas. Los hongos contribuyen a descomponer la materia orgánica. Ese proceso participa en el ciclo de nutrientes de los ecosistemas.