500 g de pollo y un calabacín: pastel al horno con costra de queso dorada que en casa piden cada semana
Hay cenas que salen de la nevera casi solas, y esta es una de ellas: medio kilo de pechuga de pollo, un calabacín, tres huevos y queso. Se monta en capas, como una lasaña sin pasta, se hornea y se corta en porciones que aguantan bien de un día para otro.

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La receta se apoya en una combinación que en España tiene mucho sentido: el calabacín, que está en el mercado prácticamente todo el año a buen precio, y la pechuga, que suele quedar seca. Aquí las capas de calabacín la mantienen jugosa durante toda la cocción.
Los ingredientes
Para un molde mediano, cuatro raciones:
- 500 g de pechuga de pollo.
- 250 g de calabacín (uno mediano).
- 1 cebolla mediana.
- 3 huevos.
- 100 g de yogur griego natural sin azúcar, o nata agria.
- 1 cucharada de mostaza (unos 15 g).
- 100 g de queso rallado para gratinar.
- 30 ml de aceite, sal y pimienta negra.
La mostaza no se nota como sabor propio en el plato terminado. Su función es sazonar la carne en profundidad y darle un punto que el pollo, solo, no tiene.

Paso a paso
- Corta el calabacín en rodajas finas. Si la piel está dura, pélalo antes.
- Pica el pollo y la cebolla muy menudos, a cuchillo o con picadora. Añade la mostaza, sal y pimienta, mezcla y deja reposar 10 minutos.
- Bate los huevos con el yogur y una pizca de sal y pimienta.
- Engrasa el molde con el aceite y cubre el fondo con la mitad de las rodajas de calabacín.
- Extiende la mezcla de pollo por encima y tápala con el resto del calabacín.
- Vierte la mezcla de huevo sobre el conjunto.
- Hornea a 180 °C durante 30 minutos.
- Cubre con el queso rallado y deja otros 10-15 minutos, hasta que la superficie esté dorada y el pollo, completamente hecho.
- Deja templar antes de cortar en porciones.
El paso 9 se suele saltar por impaciencia, y tiene su importancia. Recién sacado del horno, el huevo todavía está asentándose y el pastel se desmorona al cortarlo; con 10 minutos de reposo salen porciones limpias, como de restaurante.
El calabacín es casi todo agua, y si la suelta dentro del molde, el pastel sale encharcado. Salar las rodajas 10 minutos antes y secarlas con papel de cocina evita el problema y no añade trabajo.
Si se usa ese truco, conviene recortar un poco la sal de la mezcla de pollo, porque parte de la que llevaba el calabacín se queda en las rodajas.
El queso y las variaciones
Para la costra, lo ideal es combinar un queso que funda bien, como una mozzarella rallada o un emmental, con un puñado de queso curado que aporte sabor. Solo con mozzarella queda elástico pero soso; solo con curado, sabroso pero menos dorado.
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La base admite cambios sin perder la estructura. La pechuga se puede sustituir por muslo deshuesado, más jugoso y que perdona mejor unos minutos de más. Media berenjena en rodajas se suma bien a la capa de calabacín, y un poco de pimentón o de orégano en la mezcla de pollo cambia el carácter del plato por completo.
Es de esas recetas que mejoran al día siguiente: fría se corta todavía mejor, aguanta tres días en la nevera y cabe en un táper para llevar al trabajo. Que en casa la pidan cada semana tiene bastante que ver con eso.
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