El primer punto crítico será Montjuïc, donde el Estadi Olímpic Lluís Companys acogerá la vigilia del 9 de junio. Para facilitar el acceso, TMB prevé reforzar el servicio en metro, habilitar más personal de atención y seguridad, aumentar la frecuencia del funicular y organizar rutas de autobús hacia la montaña desde plaza Espanya. El objetivo es evitar que la llegada masiva de asistentes colapse los accesos habituales.
El funicular será una de las piezas clave. Conecta Paral·lel con el Parc de Montjuïc en apenas unos minutos y funciona integrado en la red de metro, por lo que puede absorber parte del flujo hacia el Anillo Olímpico sin depender solo de buses o trayectos a pie.
El 10 de junio, el foco se trasladará a la Sagrada Família, donde el Papa oficiará una misa solemne y bendecirá la torre de Jesucristo, de 172,5 metros. Ese día, la estación de metro de Sagrada Família permanecerá cerrada: los trenes circularán, pero no se detendrán en sus andenes. Quienes deban moverse por la zona tendrán que usar estaciones alternativas y caminar hasta los puntos permitidos.
También habrá cambios en Verdaguer, que durante la tarde funcionará con restricciones de acceso y solo permitirá la salida de pasajeros en determinados momentos. Las líneas de autobús que circulan por el entorno de la basílica sufrirán desvíos por los cortes, controles policiales y vallados de seguridad en las calles próximas al templo.
El dispositivo no afectará solo a quienes vayan a ver al Papa. Vecinos, trabajadores, comercios y turistas tendrán que adaptar trayectos, horarios y accesos, especialmente en el Eixample y en Montjuïc. La recomendación básica será consultar el estado del transporte antes de salir y no confiar en el recorrido habitual.
La visita coincide con un despliegue de seguridad muy amplio, con controles en el entorno de la Sagrada Família y restricciones en varias manzanas alrededor del templo. El Papa llegará en papamóvil por la calle Rosselló, en un recorrido de más de un kilómetro, lo que obligará a ordenar el paso de peatones y transporte público durante buena parte de la jornada.
Para Barcelona, el reto será mover a miles de personas sin bloquear del todo la vida cotidiana. TMB tendrá que funcionar como red de apoyo invisible: más trenes, más buses, más información y más personal justo cuando una estación clave no podrá usarse. En una ciudad acostumbrada a grandes eventos, la visita papal pondrá a prueba algo muy concreto: la capacidad de cambiar de ruta sin que la ciudad deje de moverse.