La muestra de 2030 revisará el proyecto encargado en 1980 y el vínculo entre el museo y sus vecinos
Un vinilo de 1 x 4 m fue el primer soporte del plan Del Liceu al Seminari: allí se dibujaron las plantas bajas de edificios públicos destacados del Raval. Cincuenta años después de su encargo, el Macba prepara una exposición para revisar aquella transformación y sus consecuencias.
Un encargo que acabó ocupando mucho más espacio
En 1980, Narcís Serra, alcalde de Barcelona entre 1979 y 1982, encargó el proyecto a Òscar Tusquets y Lluís Clotet. El estudio debía explorar nuevos usos para el Convent dels Àngels, la Casa de la Caritat y la Casa de Misericòrdia, con la idea de revitalizar esta zona del Raval. Clotet conocía bien el barrio: nació allí.
La propuesta creció más allá del encargo inicial. El equipo redactor lo formaban Alfonso Guiu, Pep Zazurca, Angel Orbañanos y Pepita Teixidor, además de Lluís Clotet y Òscar Tusquets: cinco hombres y una mujer. El ámbito acabó extendiéndose desde el Gran Teatre del Liceu hasta el convento de Santa Maria de Montalegre, donde antiguamente estaba el Seminari de Barcelona.
En la web de Tusquets se conserva material del trabajo conjunto. El arquitecto lo describió como una intervención de microurbanismo que aprovechaba zonas sin construir —o destinadas a derribo por insalubres— para crear espacios públicos, respetando la trama y la escala urbana. La ambigüedad del encargo, recuerda Valentín Roma, permitió que aumentaran tanto los usos previstos como el área de actuación.
Las ideas que se hicieron realidad y las que quedaron pendientes
Parte del plan se llevó a cabo; otra parte no. Entre las propuestas que no prosperaron estaba retrasar la Boquería hacia la plaza de la Gardunya para abrir una plaza junto a La Rambla. La situación actual del mercado invita a plantear una pregunta: ¿habría seguido el mismo proceso de turistificación con aquella plaza?
La exposición tratará de reconstruir cómo encajó el proyecto del primer ayuntamiento democrático de Barcelona, qué marco lo hizo posible y cuáles fueron sus vicisitudes, sus agentes y sus resultados. El Macba ocupó un lugar central en aquella idea de ciudad. Roma quiere revisar qué ha sido de ese proyecto y explorar si pueden cambiarse las realidades sociales.
La muestra tendrá un comisariado coral, todavía por definir, con profesionales de distintos campos. Roma prevé contar con arquitectos y antropólogos, además de historiadores o fotógrafos, y reunir documentos sobre cómo se trabajaba en arquitectura y urbanismo hace cinco décadas.
Del Raval a la pregunta por el derecho a la ciudad
El plan formó parte de una transformación más amplia: en el Raval se puso el foco en la cultura; Montjuïc se orientó al deporte y Poblenou, al ocio. Pasqual Maragall continuó el impulso transformador de Serra, respaldado por el empuje económico de los Juegos Olímpicos de 1992. Roma también ha explorado aquella época en la ficción, en su libro El capitalista simbólico.
El director del Macba plantea la exposición como una forma de analizar qué representa hoy un museo para Barcelona y sus habitantes. El Macba, sostiene, es una institución crucial para la ciudad. También defiende que hay que hablar del derecho a la ciudad, concepto que Henri Lefebvre desarrolló en el libro Le droit à la ville (1968) frente a los efectos de la economía capitalista en los núcleos urbanos y en el derecho de sus habitantes a la metrópoli.
Esa relación entre cultura y vida de barrio también se expresa en proyectos como la radio comunitaria del Poble-sec, que da voz a sus vecinos. En el caso del Macba, la conversación coincide con una ampliación del museo que está en marcha en la plaça dels Àngels y que Roma tiene previsto inaugurar durante su mandato.
Roma fue nombrado director el pasado junio, en sustitución de Elvira Dyangani Ose. Hace justo un mes se presentó por primera vez ante la prensa y avanzó que quiere recuperar público y replantear la colección; entonces aún no desveló la programación. Ya ha adelantado a este diario que la exposición sobre Del Liceu al Seminari se celebrará en 2030. El pasado sábado se cumplieron cuarenta años del anuncio de que Barcelona había sido escogida para los Juegos de 1992.