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Trabajar y cobrar el Ingreso Mínimo Vital a la vez ya es posible: hasta 6.000 euros más de sueldo sin perder la ayuda

Durante años, el Ingreso Mínimo Vital tuvo una trampa silenciosa: aceptar un trabajo podía salir caro. Cada euro ganado se descontaba de la ayuda, y el mensaje que recibía el beneficiario era absurdo — trabajar apenas compensaba.

Encontrar trabajo ya no significa despedirse de la prestación.
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Esa trampa tiene arreglo con nombre técnico, incentivo al empleo, y base legal concreta: el Real Decreto 240/2026, en vigor desde finales de marzo. La regla nueva cabe en una frase: los primeros 6.000 euros de mejora laboral no cuentan.

Cómo funciona, con números

El mecanismo compara los ingresos por trabajo — por cuenta ajena o propia — de un año con los del año anterior. De esa subida, la Seguridad Social hace la vista gorda por tramos:

  • Si la mejora es de 6.000 euros o menos, se excluye entera del cálculo. La prestación no se toca por ese dinero.
  • Si supera los 6.000, se excluyen esos 6.000 íntegros más la mitad de lo que pase de ahí.
  • Para hogares con el complemento de discapacidad o de monoparentalidad, ese porcentaje del exceso sube al 55 %.
  • En los hogares, la cuenta es conjunta: se suman las subidas y bajadas de ingresos de todos los miembros de la unidad de convivencia.

Un ejemplo con todas las letras: alguien que cobraba el IMV sin trabajar y consigue un empleo de 9.000 euros al año. Para la revisión de la ayuda, no se le computan 9.000, sino 1.500 — los 6.000 exentos más la mitad de los 3.000 restantes. La prestación baja mucho menos de lo que sube el sueldo, y el resultado final de aceptar el trabajo es claramente positivo.

Traducción: el sistema deja de castigar el contrato. Antes, salir del IMV por un empleo precario podía dejar a la familia peor que quieta; ahora cada hora trabajada suma de verdad. Es la vacuna contra lo que los economistas llaman la trampa de la pobreza.

Qué hay que hacer para pedirlo

Nada, y esa es quizá la mejor noticia del decreto: el Instituto Nacional de la Seguridad Social aplica la exención de oficio en la revisión anual de la prestación, cruzando los datos de la Agencia Tributaria. Sin formulario nuevo, sin cita previa, sin cola.

Los primeros 6.000 euros de mejora del sueldo ya no restan de la ayuda.

Lo que sí sigue vigente es lo de siempre para no perder el IMV por otras vías: presentar la declaración de la renta todos los años — obligatoria para los beneficiarios aunque no lleguen al mínimo —, mantener el padrón al día y comunicar los cambios en la unidad de convivencia.

Ojo al malentendido que ya circula: los 6.000 euros exentos no son dinero que regala el Estado ni una paga extra. Es sueldo propio que deja de restar. Y la referencia es la subida respecto al año anterior, no el salario total: quien ya ganaba lo mismo que el año pasado no tiene mejora que eximir.

A cuánta gente le toca

El perfil del beneficiario del IMV se parece cada vez menos al tópico: una parte sustancial de los hogares que lo cobran ya tiene ingresos laborales — trabajadores pobres, en la jerga —, con empleos parciales, temporales o mal pagados que no llegan para cubrir el umbral de vulnerabilidad.

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Para todos ellos, la cuenta de aceptar más horas, un contrato mejor o un segundo empleo cambia desde este año. La letra del decreto incluye además la otra mitad del plan: programas específicos de empleo para beneficiarios del IMV y coordinación entre servicios sociales y oficinas de empleo, porque el objetivo declarado no es que la ayuda acompañe para siempre, sino que el trabajo acabe haciéndola innecesaria.

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