El suceso ocurrió cerca del número 44 de la avenida, en un tramo poco transitado durante la noche y con el cauce prácticamente sin agua. Según las primeras pesquisas, la mujer se encontraba en estado de embriaguez y habría caído de forma accidental mientras buscaba un lugar apartado.
Un hombre tunecino sin hogar, que estaba con ella en ese momento, fue clave para activar la asistencia. Avisó de lo ocurrido y trató de ayudarla hasta la llegada de la Policía Nacional, los bomberos y los equipos sanitarios.
El rescate obligó a intervenir con material especial. Los bomberos utilizaron una camilla adaptada para sacar a la mujer del cauce y trasladarla hasta una zona segura, donde pudo ser atendida antes de su evacuación al hospital.
La Policía mantiene abierta la investigación, aunque por ahora trabaja con la hipótesis de una caída accidental. El caso, sin embargo, vuelve a poner el foco en algunos tramos del Manzanares donde la iluminación, la vigilancia y la configuración del entorno pueden aumentar los riesgos durante la noche.
El río ha ganado protagonismo en la vida urbana de Madrid durante los últimos años, especialmente tras la transformación de Madrid Río. Pero no todos sus tramos se viven igual. Hay zonas muy transitadas y familiares, y otras mucho más solitarias cuando cae la noche, donde coinciden personas sin hogar, pasos poco visibles y espacios que no siempre resultan seguros.
El accidente recuerda esa otra cara del Manzanares: la de un entorno recuperado para la ciudad, pero todavía desigual según la hora, el tramo y quién lo habita. Para muchas personas vulnerables, estos espacios funcionan también como refugio nocturno, algo que obliga a mirar la seguridad del río más allá del paseo, la bici o el ocio de fin de semana.