Lo que pide la gente cuando sabe que se muere: ver el río, el acto escolar del hijo — y ya hay quien los lleva
Casi nadie pide algo extraordinario. Piden cosas tan pequeñas que sorprende que hagan falta 23 voluntarios, una ambulancia reparada y una carrera contra el reloj de 72 horas.

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Una pregunta incómoda con respuestas sencillas
Si pudieras pedir un deseo antes de morir, ¿cuál sería? Probablemente no lo sepas. Quienes están en la última etapa de una enfermedad, en cambio, suelen tenerlo clarísimo: una reunión familiar, un paseo después de años sin salir de casa, ver el mar una vez más.
El problema no es el deseo. Es el traslado.
Un paseo de veinte minutos puede requerir permisos médicos, oxígeno, camilla, personal sanitario y una ventana meteorológica. Eso es todo lo que separa a mucha gente de su último buen día.
Cómo empezó: una consulta cancelada en Países Bajos
En 2007, un trabajador sanitario holandés llamado Kees Veldboer llevaba en ambulancia a un paciente, Mario, a una cita médica que se pospuso. Le preguntó qué haría si pudiera elegir cómo pasar la tarde. Mario dijo que quería ver el mar.
Veldboer cumplió ese deseo y meses después fundó Ambulancia del Deseo. Hoy la organización tiene sedes en 22 países. Su hijo la mantiene en marcha desde que Veldboer murió durante la pandemia.
Lo que cuenta el enfermero que la trajo a Argentina
Juan Manuel Gálvez conoció la fundación en 2018, durante una capacitación en España. Enfermero de emergencias con más de 20 años en el sistema público de ambulancias de Santa Fe, y bombero voluntario, tenía además un motivo propio: su padre fue paciente oncológico.
"Y quién no tuvo un amigo, un familiar que la pasó mal con este tipo de patologías", explica Gálvez, "alguien que quería un deseo simple, de ir al lugar, o a ver un hijo en un acto escolar, a un nieto en un deporte".
Hay una palabra que en el equipo no gusta: "terminal". Tampoco "último deseo". Ellos hablan de deseos posibles en una etapa difícil de la vida.

La logística es artesanal y funciona a base de favores
- La ambulancia era un vehículo fuera de servicio donado; le repararon el motor, la pintaron y la pusieron a punto
- La personería jurídica la tramitaron gratis estudiantes de Economía de la Universidad Nacional de Rosario
- La ropa del equipo salió de una rifa
- El equipo son 23 personas ad honorem: sanitarios, choferes, bomberos, médicos, enfermeros, técnicos, psicólogos
Una vez aprobado un caso, intentan que no pasen más de 72 horas hasta cumplirlo. El paciente puede empeorar en horas, el tiempo puede estropear una salida al aire libre, o el desenlace puede llegar antes.
"Nosotros priorizamos que el paciente vaya y venga bien, que no tenga frío, que cuando lo cambiamos de posición no se agudice su dolor", dice Gálvez.
Los números de los primeros meses
Lanzaron la iniciativa en Argentina a finales de mayo. Desde entonces han recibido al menos cien peticiones; veinte eran realizables; a principios de agosto ya habían concretado diez y tenían otras diez en marcha. Entre ellas, la de un niño internado en Rosario que quería ver la réplica de la Copa del Mundo en el Museo del Deporte Santafesino.
Gálvez habla de todo esto como si fuera otro idioma: uno en el que el final de la vida se puede contar desde el disfrute y no solo desde lo traumático.
En 2025, mientras conducía por la ruta, él mismo sufrió un infarto. Por su formación, supo lo que estaba pasando. Sobrevivió.
"Yo soy un agradecido de la vida, y creo que todavía tengo una misión por cumplir", dice.