Los cortes fuertes empezarán el 3 de junio en Lima. Al día siguiente, el 4 de junio, llegará el turno de Cibeles. No serán cierres menores: afectarán al eje Castellana-Recoletos y a buena parte de los recorridos habituales de quienes atraviesan Madrid en coche, taxi, bus o moto.
Los actos principales se celebrarán entre el 6 y el 9 de junio. La vigilia juvenil tendrá lugar en el entorno del Bernabéu, mientras que Cibeles acogerá la gran misa. La previsión de una asistencia masiva ha obligado al Ayuntamiento a preparar un dispositivo especial de tráfico, seguridad y transporte público.
El alcalde José Luis Martínez-Almeida ya ha pedido a las empresas que faciliten el teletrabajo y los horarios flexibles durante esos días. El mensaje es claro: quien pueda evitar desplazarse por el centro o por la Castellana, mejor que lo haga. Para muchos trabajadores, vecinos y comercios de la zona, la semana exigirá paciencia y algo de improvisación.
La EMT será gratuita durante los días clave del dispositivo, una medida pensada para reducir el uso del coche y absorber parte del movimiento previsto. Aun así, los autobuses también tendrán desvíos, porque muchas líneas pasan precisamente por las zonas que quedarán cerradas o valladas.
Los residentes podrán acceder a sus viviendas, pero no como en una jornada normal. Habrá controles, filtros de seguridad y restricciones según el momento del operativo. También se habilitarán aparcamientos disuasorios y lanzaderas para quienes lleguen desde fuera de Madrid y no quieran entrar con el coche hasta el centro.
Para la ciudad será una cita histórica, pero también una prueba logística de primer nivel. Madrid está acostumbrada a finales de Champions, manifestaciones, celebraciones y grandes conciertos; aun así, bloquear a la vez Cibeles y el entorno del Bernabéu durante varios días no es cualquier cosa. Esa semana, llegar a tiempo dependerá menos de la costumbre y más de haber elegido bien la ruta antes de salir.