El episodio llega en plena subida térmica. La previsión apunta a máximas de 34 ºC este miércoles, 35 ºC el jueves y hasta 36 ºC el viernes, con cielos despejados y ambiente seco. Esa estabilidad ayuda a que las partículas permanezcan más tiempo en el aire y a que la sensación sea más cargada, sobre todo en calles con mucho tráfico y poca sombra.
A la calima se suma el pico de polen propio de estas semanas. La Comunidad de Madrid mantiene avisos por polen hasta el 30 de junio, y los datos recientes apuntan a niveles altos de olivo en puntos como Alcalá de Henares, Aranjuez, Coslada, Getafe, Arganzuela y barrio de Salamanca. También se han registrado episodios destacados de gramíneas y plantago, dos alérgenos muy molestos en primavera.
Para quienes tienen alergia, el problema no es solo estornudar más. La mezcla de polen, polvo y calor puede provocar picor de ojos, congestión, tos, fatiga, presión en el pecho o empeoramiento del asma. Incluso personas sin diagnóstico previo pueden notar irritación en garganta y nariz si pasan mucho tiempo al aire libre.
Las recomendaciones son bastante claras: evitar ejercicio intenso en la calle, reducir salidas en las horas centrales del día, usar mascarilla FFP2 si hay que caminar mucho, llevar gafas de sol y mantener las ventanas cerradas cuando el ambiente esté más cargado. En casa, conviene ventilar poco tiempo y preferiblemente a primera hora, antes de que suba el calor.
También ayuda ducharse al volver, cambiarse de ropa y no tender prendas al aire libre si hay mucho polen. En el coche, mejor circular con ventanillas cerradas y revisar los filtros antipolen, especialmente para quienes hacen trayectos largos por la M-30, M-40 o accesos metropolitanos.
La situación debería mejorar cuando cambie el viento o llegue una masa de aire más limpia, pero mientras tanto Madrid funciona a otro ritmo: menos deporte exterior, más planes en interiores y más atención a la calidad del aire antes de salir. La calima ya no es una rareza lejana; cada vez aparece con más frecuencia en la ciudad y, cuando coincide con el polen de primavera, convierte algo tan básico como respirar en una parte más de la planificación diaria.