El acuerdo afecta directamente a la Complutense, la Autónoma, la Politécnica, Alcalá, Carlos III y Rey Juan Carlos. Por primera vez, el sistema funcionará con una planificación plurianual, lo que permitirá a los campus organizar inversiones, reforzar servicios y diseñar proyectos con más margen que hasta ahora.
La estabilidad era una de las grandes demandas del mundo universitario madrileño. Sin un marco claro a varios años, muchas decisiones quedaban condicionadas por presupuestos anuales, retrasos o fondos extraordinarios. Ahora, las universidades tendrán una media de 2.465 millones de euros al año para sostener su actividad y planificar mejoras.
El reparto incluye 2.914,2 millones para la Universidad Complutense, 1.676,3 millones para la Politécnica, 1.260,5 millones para la Autónoma, 971,9 millones para la Rey Juan Carlos, 850,1 millones para la Carlos III y 763 millones para Alcalá. El 83% de los fondos procederá de los presupuestos autonómicos y de precios públicos.
El nuevo modelo también permitirá atender necesidades específicas de cada centro. Eso incluye corregir desequilibrios, financiar proyectos singulares y modernizar infraestructuras docentes, científicas y tecnológicas. Para los estudiantes, el impacto debería notarse en mejores servicios, campus más actualizados y una universidad con menos sensación de provisionalidad.
El pacto llega bajo la gestión de Mercedes Zarzalejos y consolida el compromiso firmado en marzo entre Isabel Díaz Ayuso y los rectores. La negociación había sido uno de los asuntos más delicados de la política educativa madrileña, hasta el punto de provocar cambios en la Consejería de Educación.
En la misma reunión, el Consejo de Gobierno aprobó también un aumento del 70% en el presupuesto destinado a orientación educativa en colegios concertados de Primaria. La medida beneficiará a más de 207.000 alumnos de 430 centros y permitirá ampliar la atención mínima semanal hasta tres días.
Las universidades públicas no son solo centros de estudio. En Madrid funcionan como pequeñas ciudades dentro de la ciudad: mueven transporte, alquileres, bares, bibliotecas, investigación, empleo y vida cultural. Darles financiación estable hasta 2031 no resuelve todos sus problemas, pero sí les permite planificar con algo que en los últimos años escaseaba demasiado: tiempo y previsibilidad.