Entre semana, los vehículos podrán entrar solo de 7:30 a 10:30 y de 18:30 a 22:30, siempre que no se haya completado antes el cupo diario permitido. Los fines de semana y festivos, el margen se estrecha todavía más: la barrera abrirá de 7:00 a 9:30 y volverá a hacerlo de 18:30 a 22:30. Fuera de esos horarios, el acceso permanecerá cerrado.
La medida cambia bastante el plan clásico de verano. Ya no bastará con improvisar una salida a media mañana, subir hasta Canto Cochino y buscar sitio. Si el aparcamiento se llena pronto, habrá que dejar el coche fuera, caminar más o buscar alternativas desde Manzanares El Real.
También queda prohibido el estacionamiento nocturno dentro de La Pedriza entre las 23:00 y las 7:30. La norma busca evitar pernoctas no autorizadas, reducir la presión sobre el entorno y facilitar la gestión de un espacio que en verano suele recibir una afluencia muy superior a la que puede absorber cómodamente.
Los autobuses tampoco podrán acceder sin control. Tendrán que solicitar autorización previa y solo se permitirá un máximo de 10 autobuses al día, en función de las plazas disponibles en el aparcamiento de Canto Cochino. El objetivo es ordenar tanto las visitas particulares como las excursiones organizadas.
La restricción llega en plena temporada de senderismo, baño en pozas, escalada y planes familiares en la Sierra de Guadarrama. Para muchos madrileños, La Pedriza es una escapada cercana, barata y muy habitual cuando el calor aprieta en la capital. Precisamente por eso, el espacio necesita reglas más estrictas durante los meses de mayor presión.
La alternativa más sensata será salir muy temprano, consultar la información oficial antes de desplazarse y valorar el transporte lanzadera cuando esté disponible. También conviene llevar agua, evitar las horas centrales del día y no confiar en encontrar aparcamiento si se llega tarde.
La Pedriza no pierde atractivo por estas restricciones, pero sí exige otro tipo de visita. Menos improvisación, más planificación y más respeto por un entorno que no puede funcionar como un aparcamiento infinito de fin de semana. Para quienes quieran disfrutarla este verano, la clave será sencilla: madrugar, adaptarse y entender que proteger el paisaje también forma parte del plan.