El cierre comenzó en mayo de 2024 con una previsión inicial de un año. Ese plazo quedó superado, después se habló de un horizonte de 25 meses y ahora la línea sigue fuera de servicio, afectando a vecinos, excursionistas y usuarios habituales de uno de los recorridos ferroviarios más singulares de la Comunidad de Madrid.
La C-9 no es una línea cualquiera dentro de Cercanías. Su trazado, de unos 18,2 kilómetros, atraviesa la sierra entre Cercedilla, Navacerrada y Cotos, y durante años ha sido una alternativa para acceder a la montaña sin coche, especialmente en fines de semana, temporada de nieve y meses de senderismo.
Adif atribuye los retrasos a la complejidad de actuar en un entorno especialmente difícil. La línea discurre por pendientes elevadas, una traza estrecha y espacios protegidos, lo que obliga a trabajar con más restricciones ambientales y de seguridad que en otros tramos ferroviarios.
A eso se han sumado las nevadas de los dos últimos inviernos y las limitaciones propias de una zona forestal, donde los trabajos deben adaptarse para proteger hábitats sensibles y reducir riesgos, también en materia de incendios. El resultado es una obra más lenta de lo previsto y sin calendario claro para recuperar los trenes.
Según Adif, el tendido de la nueva catenaria está prácticamente concluido en toda la línea. También se han instalado carriles, traviesas y balasto en más del 65% del recorrido, una fase que ha avanzado desde mediados de marzo, cuando comenzó la colocación de vía.
Los trabajos incluyen además la renovación de andenes en algunas estaciones y la mejora del túnel de Navacerrada, donde ya se ha completado la renovación estructural. Queda pendiente el montaje de vía en ese punto, una de las piezas necesarias antes de poder encarar la fase final.
La actuación incorpora también un nuevo sistema de gestión de la circulación, conocido como BLAU, junto con nuevos enclavamientos, cableado de señales y contadores de ejes. Son elementos poco visibles para el usuario, pero esenciales para que la línea pueda funcionar con seguridad cuando vuelva a abrir.
Una vez terminen las obras, todavía quedarán pasos importantes antes de recuperar el servicio. Adif deberá realizar pruebas, formar a los maquinistas y obtener la autorización de la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria para la puesta en marcha.
Los nuevos trenes que circularán por la C-9 ya están construidos y permanecen a la espera de la reapertura en la base de mantenimiento de Renfe en La Sagra, en Toledo. Su entrada en servicio dependerá de que la infraestructura esté lista y supere todos los trámites técnicos.
Para los usuarios, la falta de una fecha concreta mantiene la incertidumbre. La línea era una opción cómoda para subir a la sierra sin depender del coche, y su ausencia se nota en la movilidad hacia Cotos, especialmente en días de alta afluencia.
La renovación promete una C-9 más moderna y segura, pero el cierre prolongado también recuerda la fragilidad de algunas conexiones ferroviarias fuera del núcleo urbano. En la sierra madrileña, recuperar este tren no será solo reabrir una línea: será devolver una forma de llegar a la montaña sin llenar más las carreteras.