La muestra, titulada “Antón Casamor: luz y escultura”, puede visitarse gratis hasta el 23 de agosto. La propuesta permite recorrer el jardín sin prisas y descubrir cómo las obras cambian según la luz, la distancia y el lugar desde el que se miran.
Las esculturas están realizadas en materiales como yeso patinado, terracota, piedra, bronce y mármol. Esa variedad ayuda a entender la evolución del artista y convierte el paseo en algo más que una visita rápida: cada pieza tiene una presencia distinta dentro del jardín.
Casamor trabajó una escultura de formas sobrias, serenas y muy atentas al cuerpo humano. Su obra se vincula al noucentisme y encuentra en la figura femenina uno de sus temas principales, con piezas que buscan equilibrio, claridad y una belleza contenida, lejos del gesto excesivo.
Entre las obras más llamativas figura “Tamariu. El paso”, tallada en mármol yugoslavo, una pieza que destaca por su blancura y por la suavidad de sus volúmenes. También puede verse “La chica del olivo”, que dialoga de forma especial con el entorno vegetal del jardín.
La exposición incluye además piezas en bronce como “Chica en la ventana” y “Plenitud”, donde se aprecia una mirada más depurada y objetiva del artista. Son obras que invitan a detenerse, rodearlas y observar cómo se integran en un espacio pensado para caminar despacio.
El horario de visita facilita acercarse por la mañana o aprovechar las tardes entre semana. El jardín abre de martes a domingo, de 9:30 a 15:00, y de martes a viernes también por la tarde, de 16:30 a 19:30.
En una ciudad donde muchos planes de verano dependen del calor, la sombra o el presupuesto, esta propuesta tiene una ventaja clara: combina arte, entrada gratuita y un entorno verde en una zona muy céntrica. Puede funcionar como visita breve, paseo cultural o pausa fresca en mitad del día.
El Jardín de Parque Florido es uno de esos espacios que pasan desapercibidos incluso para muchos madrileños. Situado junto al Museo Lázaro Galdiano, conserva un aire recogido y elegante que contrasta con el ritmo de las calles cercanas del barrio de Salamanca.
La muestra de Casamor permite mirar el jardín de otra manera. No solo como un espacio bonito junto a un museo, sino como un pequeño escenario donde la escultura sale al exterior y se mezcla con árboles, luz y silencio.
Hasta el 23 de agosto, el Lázaro Galdiano suma así un plan sencillo para quienes quieran escapar un rato del asfalto sin salir de Madrid. Basta con entrar al jardín, caminar entre las piezas y dejar que el arte aparezca a otro ritmo, lejos de las prisas habituales de la ciudad.