El cambio se resume en una fórmula: 4+4+2. Las vías 1 a 4 quedarán vinculadas al túnel de Recoletos, las 5 a 8 al de Sol y las 9 y 10 al de Embajadores. Hasta ahora, el reparto era 4+3+3, por lo que el corredor de Sol ganará una vía y dispondrá de más margen para mover trenes de las líneas C-3 y C-4.
Para conseguirlo ha sido necesario construir un falso túnel junto a Atocha que une físicamente los accesos de Sol y Embajadores. Durante los últimos meses también se han modificado estructuras, vía, electrificación y sistemas de señalización, trabajos difíciles de compatibilizar con una estación que nunca deja de recibir trenes.
La nueva vía 8 es una de las piezas que todavía falta por activar. Adif prevé ponerla en servicio antes de terminar 2026, una vez completadas las pruebas y la integración de los sistemas de control. Cuando funcione, el túnel de Sol podrá aumentar su capacidad alrededor de un 33% y la estación tendrá más alternativas para ordenar las circulaciones.
La mejora tiene una escala considerable. Por Atocha pasan aproximadamente 900 trenes y 225.000 viajeros cada día, y la estación superó los 82,4 millones de pasajeros durante 2025. Una incidencia en una sola vía puede propagarse rápidamente por buena parte de Cercanías, de ahí que la reforma busque también ganar flexibilidad y no únicamente introducir más trenes.
La inversión del conjunto de estas actuaciones ronda los 56 millones de euros y forma parte del Plan de Cercanías de Madrid. En paralelo, Adif construye cuatro nuevas vías de apartado en el extremo de la estación para facilitar la gestión de trenes de mayor longitud y disponer de más capacidad operativa.
El calendario todavía dejará algunas molestias inmediatas. Este fin de semana, 29 y 30 de agosto, y nuevamente el 5 y 6 de septiembre, la estación de Sol permanecerá cerrada por las obras. Las líneas C-3 y C-4 tendrán cabeceras provisionales en Atocha y Nuevos Ministerios, por lo que conviene comprobar el recorrido antes de viajar.
Superados esos trabajos, la transformación será mucho menos visible para el viajero hasta que entre en servicio la vía 8. Entonces el cambio estará debajo de los pies: más posibilidades para distribuir trenes, menos dependencia de una única vía y una Atocha preparada para absorber mejor los retrasos de una red que mueve cientos de miles de personas cada jornada.