¿Tu hijo se pasea con tus zapatos? No lo riñas: un psicólogo explica lo que de verdad está haciendo
Esa escena de tu hijo taconeando por el pasillo con tus zapatos del número 42 tiene mucha más miga de la que parece. Un psicólogo acaba de explicar qué pasa de verdad en esa cabecita — y no volverás a mirarlo igual.

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No es una comedia doméstica: es un experimento científico
Todos conocemos la imagen: criatura de tres años, zapatos gigantes de papá o tacones de mamá, andares de pato orgulloso y cara de estar haciendo algo importantísimo. Nos reímos, grabamos el vídeo, lo mandamos al grupo familiar. Fin de la historia. ¿O no?
El psicólogo Javier de Haro ha explicado en redes que este clásico de la infancia, típico entre los 2 y los 5 años, no es una simple payasada: es trabajo serio de desarrollo. A esa edad, dice, el juego simbólico "está en plena ebullición y les sirve para aprender a comprender mejor el mundo".

Lo que pasa dentro de esos zapatos enormes
Según el experto, hay tres motores detrás del numerito:
- Exploración e imitación: entre los 2 y los 5 años los niños son esponjas con patas; copian gestos, rutinas y rituales de sus adultos de referencia. Tus zapatos son el disfraz más accesible de "ser tú".
- Juego simbólico: ese "hacer como si" con el que transforman un objeto cotidiano en una escena completa, ensayando roles, normas y emociones del mundo adulto.
- Construcción de identidad: al calzarse tus zapatos, el niño pasa del plano "soy un niño" al plano "soy papá o soy mamá", y en ese viaje de ida y vuelta va decidiendo quién es.
Cada paseíto torpe con tus zapatos es, en versión miniatura, la gran pregunta de la vida: ¿quién soy yo y quién quiero llegar a ser?
La psicología infantil lo describe como una comparación constante entre el "yo niño" y el "yo adulto imaginado": el peque mide la distancia entre ambos y explora qué rasgos admira de ti. Además, compartir algo tan personal como tus zapatos refuerza su sentimiento de pertenencia y el vínculo con vosotros.
Moraleja para padres con los zapatos deformados
Así que la próxima vez que encuentres tus mocasines a mitad del pasillo, respira: no es caos, es un laboratorio de identidad en plena sesión.
Deja que taconee, que desfile y que se caiga con estilo. Está haciendo algo que ningún juguete carísimo puede replicar: probarse el futuro con tus zapatos.