Editorial

Barcelona · Actualidad local

Antes de volver a pintar esa pared con moho, probá esto: cuesta monedas y los expertos lo aprueban

Ese rincón negro del baño te está ganando la guerra psicológica, y vos ya estás mirando presupuestos de pintura como quien mira vuelos que no va a comprar. Frená todo: la solución está en la farmacia de la esquina y cuesta menos que un café.

Ese rincón negro no se arregla con una mano de pintura.
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El enemigo tiene nombre: humedad

El moho no aparece porque tu casa te odie (bueno, no solo por eso). Aparece por humedad, poca ventilación, filtraciones o aislamiento mediocre. Y además de arruinarte la estética, puede complicar alergias y problemas respiratorios. O sea: no es solo feo, es mala compañía.

La estrella del operativo limpieza es el agua oxigenada de toda la vida, el peróxido de hidrógeno al 3%. No es magia: según MedlinePlus, la biblioteca de salud de EE.UU., "el peróxido de hidrógeno es un líquido comúnmente utilizado para combatir gérmenes". Y las esporas de moho entran en la lista de víctimas.

Primero se quita el hongo y se arregla la humedad; después se pinta.

El paso a paso, sin llorar

  1. Ventilá el ambiente y ponete guantes y barbijo. La experta en limpieza Andrea Díaz lo advierte claro: "el contacto directo con la piel puede causar reacciones alérgicas".
  2. Cargá un rociador con agua oxigenada al 3% (tal cual viene, sin diluir).
  3. Rociá generosamente las zonas afectadas.
  4. Dejá actuar unos 10 minutos. Andá a hacerte un mate.
  5. Frotá suave con cepillo o esponja y retirá los restos con un paño húmedo.
  6. Dejá secar bien. Si el moho insiste, repetí. Él es terco, vos más.

Lo que NO hay que hacer

  • No mezcles el agua oxigenada con vinagre ni amoníaco: las reacciones químicas resultantes no son un experimento divertido.
  • No la dejes al sol: el peróxido se degrada con la luz y pierde poder.
  • No pintes encima del moho. Los CDC de Estados Unidos son tajantes con esto: primero se arregla el problema de agua y se elimina el hongo, después se pinta.

Pintar sobre moho es como ponerle un filtro de Instagram a un problema: abajo sigue todo igual, y va a volver a asomarse.

Frasco de farmacia, diez minutos de espera y un paño. A veces la revolución doméstica es así de poco glamorosa.

Tu pared puede volver a ser una pared y no un ecosistema. Y la plata de la pintura, para otra cosa.