Los paros comenzarán el 28 de marzo y se repetirán en varias jornadas hasta el 6 de abril, con franjas horarias especialmente sensibles: de 5:00 a 7:00, de 11:00 a 17:00 y de 22:00 a 00:00. Estas interrupciones coinciden con uno de los momentos de mayor tráfico del año, lo que aumenta el riesgo de retrasos y cancelaciones.
La protesta responde a las demandas salariales de los trabajadores, que reclaman mejoras ante el aumento del coste de vida. Los servicios más afectados serán el embarque, la gestión de equipajes y la asistencia en pista, elementos clave para el funcionamiento normal de los vuelos.
Las aerolíneas ya han advertido de posibles alteraciones en sus operaciones y recomiendan a los pasajeros consultar el estado de sus vuelos antes de acudir al aeropuerto. También se aconseja llegar con más antelación de lo habitual para evitar imprevistos.
El impacto de esta huelga va más allá de los aeropuertos, ya que afecta a miles de viajeros en uno de los periodos con mayor movilidad del año. Infraestructuras como El Prat o Barajas actúan como nodos clave que conectan España con Europa y el resto del mundo, por lo que cualquier interrupción genera un efecto en cadena en todo el sistema. En este contexto, la coordinación entre trabajadores, aerolíneas y autoridades será decisiva para minimizar las incidencias y garantizar que los desplazamientos se desarrollen con la mayor normalidad posible.