El retraso afecta directamente a la renovación de la flota. Según el calendario inicial, ya deberían haberse entregado decenas de trenes, pero los problemas en fabricación y validación han frenado el proceso.
El siguiente paso será la homologación técnica, que puede alargarse varios meses. Después llegará la formación de maquinistas, un proceso necesario antes de poner en circulación los nuevos convoyes.
Mientras tanto, los usuarios seguirán dependiendo de trenes antiguos y de un servicio que arrastra incidencias recurrentes. Las obras en la red, aunque necesarias, siguen generando interrupciones y retrasos en el día a día.
La modernización del sistema ferroviario continúa sobre el papel, pero sin un impacto inmediato en la experiencia de los viajeros. El traspaso de la gestión también sigue en marcha, aunque sin plazos definidos.
Este retraso se nota en cada trayecto. Más tiempo de espera, menos fiabilidad y la necesidad de reorganizar rutinas convierten la movilidad en un reto diario para quienes dependen de Rodalies para ir a trabajar o estudiar.