Las principales quejas se concentran en estaciones muy transitadas como Plaça Catalunya o Plaça de Sants. Allí, numerosos usuarios aseguran que permanecer unos minutos en el andén basta para notar una sensación de bochorno que contrasta con el ambiente mucho más fresco del interior de los trenes. Abanicos, botellas de agua y búsqueda de cualquier corriente de aire forman ya parte de la rutina de muchos viajeros.
Transportes Metropolitanos de Barcelona lleva años buscando soluciones para reducir las altas temperaturas bajo tierra. Sin embargo, las características de las líneas más antiguas dificultan cualquier mejora definitiva. El principal obstáculo es el llamado "efecto pistón": cada vez que un tren entra en la estación empuja el aire caliente acumulado en los túneles hacia los andenes, anulando gran parte del efecto de los sistemas de refrigeración.
Los dispositivos experimentales instalados en los últimos años, como los tubos de refrigeración de Plaça Catalunya (L1) y Plaça de Sants (L5), continúan funcionando, aunque muchos usuarios consideran que el alivio sigue siendo insuficiente durante los episodios de calor extremo. Las personas mayores o con problemas de salud son quienes más acusan las elevadas temperaturas mientras esperan el siguiente convoy.
Las averías en los sistemas de aire acondicionado de los trenes son hoy menos frecuentes que hace unos años, lo que mejora el confort una vez comienza el viaje. Aun así, la experiencia en los andenes continúa siendo uno de los principales retos de la red durante los meses de verano, especialmente cuando coinciden altas temperaturas y una gran afluencia de pasajeros.
Las líneas automáticas L9 y L10 ofrecen una realidad muy distinta. Al tratarse de infraestructuras más modernas, disponen de sistemas de ventilación independientes y de un diseño que limita la entrada del aire caliente desde los túneles, permitiendo mantener temperaturas mucho más estables en las estaciones.
La climatización de los andenes se ha convertido en uno de los grandes desafíos del transporte público en Barcelona. La combinación de una red centenaria, el aumento de las olas de calor y el crecimiento del número de viajeros obliga a buscar soluciones que permitan mejorar el confort sin comprometer el funcionamiento del metro. Mientras tanto, miles de usuarios siguen adaptando sus desplazamientos para evitar las horas de mayor calor bajo tierra.