La universidad puede acercar a las protestas; el empleo y las responsabilidades familiares suelen restar tiempo a la movilización. Aun así, dejar de acudir a una protesta no significa necesariamente perder el compromiso social: algunas personas lo trasladan, por ejemplo, a su trabajo.
Los cambios de vida también abren puertas
El estudio Activismo vivido: trayectorias biográficas y la reconfiguración de la participación juvenil (Living Activism: Biographical Trajectories and the Reconfiguration of Youth Participation, en inglés) se basa en 62 entrevistas a jóvenes vinculados a organizaciones sociales y políticas. Analiza su implicación en causas como el ecologismo, el feminismo, los derechos civiles y la diversidad sexual.
Una mudanza temporal o permanente puede poner a alguien en contacto con nuevas dinámicas locales y favorecer su entrada en el activismo. También influyen los estudios, el empleo, las amistades, las relaciones familiares y la vivienda: según el momento vital, pueden impulsar la participación, llevar a defender otro movimiento o reducir la implicación.
La movilización colectiva también puede tomar formas alejadas de la protesta callejera, como la petición de 391 asociaciones de familias para recuperar las excursiones escolares en Cataluña.
La agenda política puede activar la participación
El contexto también pesa. Entre los episodios que pueden animar a movilizarse, la investigación cita la pandemia de Covid-19 y el movimiento estudiantil ecologista ‘Fridays For Future’ (F4F) de 2019. También menciona el proceso independentista en Cataluña.
El trabajo, publicado en la revista Government and Opposition, se conoce a pocos días de la huelga general prevista para el miércoles 11 de noviembre contra la crisis de la vivienda en España. Llega también semanas después de manifestaciones juveniles que recorrieron Europa, desde Grecia hasta Bélgica.
Una juventud menos lineal
Roger Soler-i-Martí, profesor del Departamento de Ciencias Políticas y Sociales de la UPF y coautor del estudio, explica que las oportunidades para sumarse a una protesta dependen del momento en que aparecen. Durante la etapa universitaria, las redes de movilización suelen estar más cerca; con la entrada en la vida adulta, el trabajo y las responsabilidades familiares pueden debilitar ese vínculo.
La juventud, señala el investigador, se ha alargado y ha perdido parte de su recorrido lineal. Con más incertidumbre sobre el siguiente paso, la biografía personal condiciona cada vez más el compromiso político.
La desmovilización tampoco equivale siempre a apatía: algunas personas mantienen sus compromisos mediante empleos relacionados con sus causas.