Jordi Vidal se convierte en Guillermotta, un alter ego que revisita las canciones de Motta desde el humor, la teatralidad y una interpretación muy personal. Lejos de una imitación convencional, el montaje juega con la identidad del personaje y con las posibilidades escénicas de unas composiciones que forman parte de la memoria musical catalana.
La propuesta apuesta por un formato íntimo, con Jordi Cornudella al piano y a cargo de la dirección musical. La dramaturgia y la dirección escénica son de Jordi Prat i Coll, mientras que Míriam Compte firma el vestuario y Núria Llunell, la caracterización.
Entre canciones, gestos y pequeños detalles teatrales, Guillermotta construye un homenaje que también tiene personalidad propia. Una manera de recuperar la música de Guillermina Motta sin convertirla en una pieza de museo.
El espectáculo se representa en catalán en El Maldà y tiene una duración de 95 minutos.