Ya no hago el arroz solo con agua: le añado pesto y limón y la guarnición queda de lujo
El arroz blanco de guarnición tiene un problema de imagen: está ahí, acompaña y nadie lo comenta. Con una cucharadita de pesto y unas gotas de limón pasa a ser la parte del plato que todo el mundo quiere repetir.

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La receta no añade tiempo ni dificultad, solo un cambio en el orden de las cosas. Y el resultado combina con casi todo: pescado, pollo, pavo, o un plato solo con unas verduras salteadas.
Los ingredientes
Para una ración:
- 70 g de arroz redondo.
- 200 ml de agua.
- 50 g de cebolla.
- 1 cucharadita de pesto.
- 2 cucharaditas de aceite de oliva.
- 1 cucharadita de zumo de limón.
- Sal.
Para cuatro, basta con multiplicar por cuatro el arroz, la cebolla, el pesto y el limón. El agua se ajusta con una referencia sencilla: que cubra el arroz como mucho un centímetro.

Paso a paso
- Lava el arroz en un colador y déjalo escurrir.
- Pica la cebolla muy fina.
- Pocha la cebolla en el aceite hasta que esté transparente.
- Añade el arroz y remueve sin parar durante un minuto, hasta que el grano se vea ligeramente blanquecino.
- Incorpora el pesto, el limón y el agua, sala y remueve.
- Tapa y cocina a fuego medio o medio-bajo entre 15 y 20 minutos, removiendo de vez en cuando.
- Cuando se haya absorbido el agua, apaga el fuego y deja el arroz tapado sobre el fuego aún caliente otros 10-12 minutos.
- Suelta el grano con un tenedor antes de servir.
El minuto del paso 4 tiene nombre en la cocina española: nacarar. El grano se impregna de aceite y se sella por fuera, absorbe el agua de manera más uniforme y queda entero.
El reposo final es el que hace el trabajo fino. Con el fuego apagado y la tapa puesta, el vapor termina de cocer el grano sin pegarlo al fondo, y el aroma del pesto se queda dentro de la cazuela.
Por eso la tapa no se levanta en esos 10-12 minutos, ni siquiera para mirar. Cada vez que se abre, se escapa el vapor que está terminando de cocer el grano.
El pesto, el limón y algunas ideas
Un pesto casero de albahaca, piñones, parmesano y aceite de oliva le da al arroz otro nivel, pero el de bote funciona perfectamente para una guarnición de diario. El limón aporta un punto ácido que aligera la grasa del pesto y despierta el sabor del arroz.
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Para un acabado todavía más aromático, una ralladura de limón y unas hojas de albahaca fresca justo antes de servir. Con salmón a la plancha o una pechuga de pollo, es una guarnición de restaurante que se hace con lo que hay en la despensa.
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