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Corto el pan en cuadrícula y lo relleno de ajo y queso: pan para compartir, un aperitivo de escándalo o una alternativa al bocadillo

Se pone en el centro de la mesa, cada uno tira de un cuadrado y el queso se estira hasta el plato. Este pan relleno de ajo y queso es de esos aperitivos que desaparecen antes de que llegue el resto de la comida, y se prepara con una hogaza, un buen cuchillo y veinte minutos de horno.

Pan de hogaza con queso fundido: un aperitivo para compartir en el centro de la mesa.
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La técnica tiene nombre en inglés, pull-apart bread, pan para despegar, y lleva años triunfando en redes. En España encaja de maravilla como acompañamiento del vermut, para una cena de picoteo o como alternativa al bocadillo de siempre.

Los ingredientes

  • 1 hogaza redonda de corteza firme, tipo pan de payés o pan de pueblo.
  • 250 g de mozzarella para pizza, en bloque o rallada.
  • 50 g de queso curado rallado, manchego o parmesano.
  • 60 g de mantequilla.
  • 4 dientes de ajo (unos 12 g).
  • Un manojo de perejil fresco (unos 10 g).

La mozzarella para pizza es la elección acertada. Tiene menos agua que la mozzarella fresca en bola, se funde con ese efecto elástico tan característico y no empapa la miga. El curado aporta el sabor que a la mozzarella le falta.

Cómo se corta y se rellena

  1. Haz cortes profundos y paralelos en la hogaza, a unos 2-3 centímetros entre sí, sin llegar a la base.
  2. Gira el pan y repite los cortes en perpendicular para formar una cuadrícula. Los cuadrados tienen que seguir unidos por abajo.
  3. Funde la mantequilla y mézclala con el ajo picado o prensado y el perejil picado.
  4. Abre con cuidado los cortes y rellénalos generosamente con la mozzarella en trocitos y el queso curado.
  5. Riega todo el pan con la mantequilla de ajo, procurando que entre bien por las rendijas.

El cuchillo de sierra es el mejor aliado para cortar, y la clave está en parar a un centímetro, más o menos, de la base. Si se atraviesa el pan, los cuadrados se sueltan y el relleno se escapa por debajo.

Un pan del día anterior funciona incluso mejor que uno recién hecho: la miga está más firme, se corta sin desmigarse y absorbe la mantequilla sin deshacerse.

Eso convierte la receta, de paso, en una de las mejores salidas para la hogaza que sobró del domingo y que el lunes ya nadie quiere comer tal cual.

Ajo y perejil majados: la base de la mantequilla que empapa el pan.

El horneado, en dos fases

El pan se envuelve bien en papel de aluminio y se hornea a 180 °C durante 15 minutos. En esta fase, el calor queda atrapado, el queso se funde por dentro y la mantequilla empapa la miga sin que la corteza se queme.

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Después se abre el aluminio y se hornea otros 5-7 minutos, hasta que la superficie esté dorada y el queso burbujee entre los cortes. Hay que servirlo en el momento: en unos 10-15 minutos el queso empieza a espesar y pierde la gracia del estiramiento.

La base admite todas las variaciones que se le ocurran a cada casa. Unos taquitos de jamón entre los cortes, un poco de pimentón en la mantequilla, bacon crujiente o unas setas salteadas lo convierten en un plato distinto cada vez, y con una ensalada al lado, en una cena completa.

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