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Convertimos la parte más barata del pollo en una obra maestra: una delicia con glaseado de caramelo

En la vitrina de la carnicería, las alitas suelen ser lo que menos cuesta del pollo y lo que más tiempo se queda sin vender. Tienen poca carne, mucha piel y fama de plato de bar. Con un horno bien caliente y un glaseado de tres ingredientes se convierten en lo primero que desaparece de la mesa.

Alitas de pollo con glaseado de miel y soja: oscuras, brillantes y pegajosas.
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La receta está pensada a lo grande, para 2 kilos, y tiene su lógica. El trabajo es el mismo para una bandeja que para dos, y las alitas glaseadas aguantan muy bien de un día para otro.

Los ingredientes

La lista es corta y casi todo está ya en la despensa. Para dos bandejas de horno:

  • 2 kg de alitas de pollo.
  • 30 ml de aceite.
  • 8 g de pimentón (una cucharada).
  • 6 g de ajo en polvo.
  • 15 g de sal.
  • Para el glaseado: 80 ml de salsa de soja, 70 g de miel, 100 g de tomate frito y 12 g de ajo fresco picado muy fino (unos 3 dientes).

La miel es la que hace el caramelo. Al calentarse, sus azúcares se tuestan y forman esa capa oscura y brillante que se pega a los dedos, mientras la soja pone la sal y el tomate le da cuerpo para que no resbale.

Miel: al calentarse, sus azúcares se tuestan y forman la capa de caramelo.

Paso a paso

  1. Seca bien las alitas con papel de cocina. Es el paso que decide si la piel queda crujiente o blanda.
  2. Mézclalas con el aceite, el pimentón, el ajo en polvo y la sal, hasta que estén bien cubiertas.
  3. Repártelas en una sola capa sobre una bandeja con papel de horno.
  4. Hornea a 210 °C durante 35 minutos, hasta que estén doradas.
  5. Mientras tanto, prepara el glaseado mezclando la soja, la miel, el tomate frito y el ajo fresco hasta que quede homogéneo.
  6. Pinta las alitas generosamente con el glaseado y vuelve a meterlas en el horno entre 10 y 15 minutos.
  7. A mitad de ese tiempo, dales la vuelta y píntalas otra vez por el otro lado.

El orden importa. Si el glaseado entrara desde el principio, la miel se quemaría mucho antes de que el pollo estuviera hecho, así que primero se cocina la alita y después se viste.

En los últimos minutos de horno, la miel pasa de caramelo a amargo muy deprisa. Es el momento de quedarse delante del cristal y sacar la bandeja en cuanto el glaseado esté oscuro y brillante.

Recién salidas, conviene dejarlas un par de minutos en la bandeja. El glaseado termina de asentarse al templarse, se vuelve pegajoso y brillante, y deja de escurrir.

Para que salgan de bar bueno

El papel de horno no es opcional: el glaseado que gotea se carameliza sobre la bandeja y, sin papel, se pega como cemento. Y si las alitas vienen enteras, merece la pena separarlas por la articulación en dos piezas, que se doran mejor y se comen más cómodas. Las puntas, que tienen muy poca carne, se pueden guardar en el congelador para el próximo caldo.

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Para acompañar, unas patatas al horno, una ensalada fresca y una salsa fría de yogur con ajo que contraste con el dulce del glaseado. Y servilletas, muchas servilletas.

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