¿Vivir en la sierra sin alquiler? Un refugio de Gredos lo ofrece por cuatro horas al día, pero sin parejas
Hay una casa en la sierra de Gredos donde el alquiler se paga en horas. Cuatro al día, seis días por semana, y a cambio te dan habitación, comida, lavadora e internet. Y un día libre, que es más de lo que tienen muchos animales de los que viven allí.

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El sitio es el Santuario Dharma, un refugio de animales abandonados situado junto al río Tiétar, en el límite entre las provincias de Toledo y Cáceres. Allí viven más de cien animales de doce especies distintas.

Quién vive allí
Perros, gatos, caballos, cerdos vietnamitas, ocas, cabras, aves, tortugas y hasta un suricato. La convivencia de ese censo es, básicamente, el trabajo.
- Turno de mañana: abrir recintos, recuento de animales, revisión de estado de salud, dar de comer y limpiar.
- Turno de tarde: refuerzo de comida y reposición de agua.
- Turno de noche: dar de comer a perros y gatos y asegurar a los animales.
- Extras: tareas de mantenimiento, como arreglar vallas o trabajar en las cuadras.
Lo que dan y lo que piden
A cambio de esas 24 horas semanales, el santuario ofrece habitación compartida, pensión completa, lavandería e internet gratis y traslado desde el punto de llegada.
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Los requisitos son más exigentes de lo habitual en este tipo de programas:
- Mayoría de edad, y consentimiento paterno si eres menor.
- Español fluido.
- Vehículo propio o forma de llegar hasta el refugio por tu cuenta.
- Alimentación vegana durante toda la estancia, sin productos de origen animal.
- Nada de tabaco, vapeadores, alcohol ni drogas en el recinto.
- Plaza individual: no admiten parejas ni que lleves tus propias mascotas.
Ojo a los dos requisitos que más gente descarta: el veganismo obligatorio mientras estés allí y la plaza individual. Si contabas con ir con tu pareja y con tu perro, esta no es la tuya.
Traducción: no es unas vacaciones rurales baratas, es un turno de granja con horario y normas. Cuatro horas diarias limpiando recintos y cargando agua se notan en la espalda desde el primer día.
Antes de escribir el correo
Conviene mirarlo con los pies en el suelo. Un santuario no es una protectora urbana: está en mitad del campo, el ritmo lo marcan los animales y no el calendario del voluntario, y el trabajo físico existe llueva o haga cuarenta grados. Quien busca una experiencia de este tipo suele encontrarla muy satisfactoria, pero conviene ir sabiendo lo que hay.
Para apuntarse hay que rellenar el formulario de la sección de voluntariado de la web del propio santuario, donde se elige entre estancia larga, visita breve o simplemente una vuelta por las instalaciones. Esa última opción, la visita, es probablemente la forma más sensata de empezar: se ve el sitio, se conoce al equipo y después se decide.
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