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Veinte años en Mercadona, despedido por un sobre de jamón de 72 gramos: nadie probó que lo preparara él

Veintiún años en la misma empresa y el despido llegó por unos sobres de jamón de 72 y 114 gramos, cuando la norma interna marca entre 80 y 100. Esa es la contabilidad del caso que acaba de resolver la justicia andaluza, y que <a href="https://www.eldigitaldealbacete.com/2026/10/18/mercadona-lo-despide-tras-mas-de-20-anos-por-unos-sobres-de-jamon-y-salchichon-la-justicia-tumba-la-decision/">el Tribunal Superior de Justicia ha tumbado</a>: despido improcedente, 53.981 euros de indemnización o readmisión.

Veintiún años en la misma cadena terminaron por unos gramos de jamón.
Legion-Media

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El trabajador llevaba en Mercadona desde 2004, en un supermercado de Roquetas de Mar (Almería), con un sueldo de 2.280 euros brutos. La empresa le imputó sobres de jamón y salchichón fuera de gramaje, una docena de envases de más, dos turnos sin cerrar caja y un paquete caducado en la vitrina.

Lo que dijo el tribunal

La sentencia desmonta el expediente pieza a pieza. Nadie probó que los sobres mal pesados los preparara él: la empresa ni siquiera aportó los cuadrantes de turnos que habrían dicho quién estaba ese día en la sección. De toda la lista, solo quedó acreditado el paquete caducado en la vitrina, y el tribunal lo consideró una falta menor que no justifica la sanción máxima.

Jamón y salchichón: los sobres que la empresa llevó al expediente.

Hay un detalle de calendario que retrata la operación: el despido se ejecutó un día antes de que caducara el plazo de seis meses de una amonestación escrita anterior. Apurar la ventanilla hasta la víspera no es un descuido administrativo.

Ojo al matiz jurídico que decide el final: improcedente no es nulo. La empresa elige entre readmitir o pagar los 54.000 euros, y puede recurrir aún en casación. El trabajador gana, pero quien decide si vuelve a su puesto es quien lo echó.

Por qué a la empresa le puede salir a cuenta perder

El caso lleva desde esta mañana entre lo más comentado de Menéame, y el comentario más votado del hilo explica la mecánica mejor que cualquier manual de derecho laboral.

«Despido disciplinario con cualquier excusa. Es al trabajador al que le toca denunciar y esperar, casi siempre más de un año, al juicio. En ese tiempo le van ofreciendo indemnizaciones más bajas para llegar a un acuerdo [...] Se termina aceptando por miedo a llegar a juicio y perderlo», escribía un usuario.

Los números del sistema le dan la razón: en lo laboral, la inmensa mayoría de los casos no llega a sentencia, se cierra antes con un acuerdo a la baja. Y hay una trampa añadida para el veterano: con una nómina como la de este caso se supera, como regla general, el umbral de la justicia gratuita, así que el abogado corre de cuenta del despedido durante todo ese año de espera.

Traducción: un despido disciplinario flojo no es un error de la empresa, es una oferta de apertura. La indemnización de sentencia es el precio máximo; todo lo que el trabajador acepte antes, por cansancio o por miedo, es descuento.

Este expediente, además, no viene solo: el mismo medio ha publicado en las últimas semanas una serie de sentencias contra la cadena por despidos tumbados, incluido un gerente con 28 años de antigüedad y un empleado despedido por un comentario.

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La lección práctica para cualquiera con años de antigüedad es poco romántica: guardar por escrito amonestaciones, cuadrantes y comunicaciones, no firmar nada en caliente el día del despido, y recordar que la papeleta de conciliación tiene un plazo de 20 días hábiles. Los 54.000 euros de este caso no los ganó la indignación: los ganó el papeleo bien guardado.

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