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Alerta roja: los niños se quedan en casa y los padres van a trabajar, aunque la ley les da cuatro días pagados

Esta vez las sirenas llegaron antes que el agua. Las clases se suspendieron la víspera, el litoral quedó confinado a tiempo y la alerta roja se retiró por la mañana sin la tragedia de hace dos años. Los niños, en casa. Sus padres, en la rotonda de siempre, camino del trabajo.

Cuando la alerta suena, la pregunta ya no es el paraguas: es el trabajo.
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El temporal ha dejado registros de más de 600 litros por metro cuadrado en 24 horas — 638 en Pego, 635 en Forna, 440 en Oliva solo entre la medianoche y las ocho — y a unos 102.000 alumnos sin clase entre Valencia y Alicante. Para los adultos, en cambio, el lunes era lunes. Y ahí está el agujero del sistema, porque la ley dice otra cosa.

Los cuatro días que están en el Estatuto

Desde la dana de 2024 existe el llamado permiso climático: hasta cuatro días de ausencia retribuida, recogidos en el artículo 37.3.g del Estatuto de los Trabajadores. La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, lo recordó esta misma mañana en plena alerta.

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Las condiciones, en corto:

  • Cuándo aplica: si las recomendaciones o prohibiciones de las autoridades — una alerta roja, carreteras cortadas, un confinamiento como el de hoy en el litoral — hacen imposible llegar al puesto con seguridad.
  • Cuánto: hasta cuatro días cobrando el sueldo íntegro, sin recuperar horas.
  • Cómo: avisando al empresario y guardando el justificante de la alerta oficial de la zona. No requiere permiso previo de la empresa.
  • Y si va para largo: a partir del quinto día, la empresa puede activar un ERTE por fuerza mayor; el contrato se suspende, pero el trabajador no pierde el empleo.

Sobre el papel, impecable. El problema aparece al buscar la otra cifra: cuántas personas lo han pedido hoy. Ese dato no existe en ninguna estadística, y el paisaje de la mañana — repartidores en bici eléctrica bajo la alerta — sugiere que la respuesta es un número muy corto.

«Una cosa es no proteger a los niños y otra no poner en riesgo a adultos que sí trabajan. Y mientras volvía de dejar a la nena con la abuela, varios repartidores trabajando en bici eléctrica», contaba un lector de Menéame desde Baleares, donde se suspendieron las clases y a los adultos no los eximió nadie.

Por qué nadie lo pide

La ventaja de un derecho de 2024 es que existe; la pega es que todavía no hay costumbre de ejercerlo, y el miedo hace el resto. En el mismo hilo lo resumían sin anestesia: las normas laborales no sirven si nadie obliga a cumplirlas, y quien las cumple por su cuenta teme encontrarse un despido «por otra cosa» meses después.

El permiso climático existe desde la dana de 2024. Pedirlo es otra historia.

A eso se suma la alternativa que tampoco llega: según elDiario.es, unos 3,4 millones de personas en España podrían teletrabajar y sus empresas no se lo permiten. En Baleares, este mismo temporal, el teletrabajo de emergencia se activó solo para los funcionarios.

Traducción: el permiso climático hoy funciona como los extintores de algunos locales — está colgado en la pared para pasar la inspección, y nadie recuerda cuándo se usó por última vez. La diferencia es que este se activa con un mensaje al jefe y el justificante de la alerta.

Si la próxima vez te pilla a ti, el orden importa: captura de la alerta oficial de Protección Civil o de la AEMET de tu municipio, aviso por escrito a la empresa — un correo vale — y a casa. El papel que acredita la alerta es el mismo que te protege después. Porque el temporal que viene ya tiene fecha aproximada: este clima no era el problema de una generación futura, era el del lunes.

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