Un multimillonario catalán defiende a los jóvenes que no quieren ir al campo, y la culpa se la echa a otros
Cada vez que se habla del relevo generacional en el campo aparece la misma frase de sobremesa: los jóvenes ya no quieren trabajar. Se dice con la seguridad de quien recita algo evidente. Un empresario con unos cuantos millones en el bolsillo acaba de darle la vuelta al argumento, y lo ha hecho desde dentro del sector.

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José Elías, presidente de Audax Renovables, lo ha escrito sin anestesia en sus redes: el problema no son los jóvenes, es lo que se les ofrece.

Lo que dice
"Es normal que ningún joven quiera trabajar en el campo. Seguimos ofreciendo un trabajo pensado para hace 50 años", sostiene el empresario.
Elías aclara que a él el campo le gusta — dice que no hay nada mejor que coger el coche e irse a las granjas —, pero que entiende perfectamente que esas condiciones no atraigan a alguien que está empezando. Su ejemplo es tan gráfico como incómodo: "Si le dices a un joven de 20 años que tiene que venir a arrodillarse al barro a pasar frío, te va a decir que ahí te quedas".
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Su alternativa: tecnología y cintura
El empresario pone como ejemplo sus propios campos de fresas, donde los cultivos están elevados hasta la altura de la cintura y las instalaciones tienen control de temperatura. El resultado, según él, es que "el trabajador ni se moja ni se rompe la espalda".
- La inversión en modernización, que es donde localiza el agujero del sector.
- La ergonomía, para que el puesto no destroce el cuerpo a los cuarenta.
- El relato: dejar de vender el sacrificio físico como virtud.
"Para mí, dedicarse a esto es una medalla, no una condena. Hay que dejar de romantizar el sufrimiento físico y empezar a tratar el campo como la empresa tecnológica que debería ser", remata.
Por qué importa el debate
La falta de relevo generacional es uno de los grandes problemas del campo español, y el diagnóstico habitual reparte la culpa entre la generación joven y la vida rural. Elías la coloca en otro sitio: en quien no ha invertido en modernizar los puestos.
Traducción: el mismo chaval que no quiere arrodillarse en el barro sí acepta un invernadero climatizado con la planta a la altura de la cintura. No es la tierra lo que rechaza, son las rodillas.
La reflexión, publicada en su cuenta el 18 de septiembre, ha circulado precisamente por venir de donde viene: de un empresario con explotaciones agrícolas propias, no de un sindicato ni de una asociación juvenil. Ese detalle es el que le ha dado recorrido al mensaje, porque el argumento contrario — el de que los jóvenes no quieren esforzarse — suele salir exactamente del mismo lado de la mesa.
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