Tres meses de formación y ya cobran más que muchos ingenieros: lo que gana en España un fontanero que empieza
Mientras en las casas españolas se sigue discutiendo si el niño hace Medicina o Ingeniería, hay un oficio que lleva años pidiendo gente a gritos y pagándola en consecuencia: la fontanería.

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El argumento lo repiten formadores del sector: faltan fontaneros y electricistas y sobran candidatos a otras carreras, y esa asimetría se nota en la nómina.

Los números que se manejan
- Al empezar: entre 2.000 y 3.000 euros al mes, según los formadores que difunden estas cifras.
- Por cuenta propia: bastante más, sin techo fijo, porque depende del volumen de trabajo que se coja.
- El caso que circula: un fontanero de 23 años que asegura superar los 5.000 euros mensuales haciendo tres reformas al mes.
- La formación: los cursos que se anuncian hablan de unos tres meses para empezar a trabajar.
Ojo a quién cuenta esto: las cifras salen de cuentas de formación que venden precisamente esos cursos. No son un convenio colectivo ni una estadística oficial, y conviene leerlas con esa etiqueta puesta.
Lo que sí está documentado
Aquí es donde el asunto deja de ser marketing. El SEPE incluye a fontaneros y electricistas en sus listas de ocupaciones con vacantes difíciles de cubrir y les reconoce buenas perspectivas de empleo. El problema de fondo es el relevo generacional: la plantilla del oficio envejece y no entran suficientes jóvenes a sustituirla.
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A eso se suma un argumento poco romántico pero sólido: por muchas vueltas que dé la tecnología, un baño se seguirá inundando a las once de la noche y alguien tendrá que ir. Ningún programa hace eso desde un portátil.
Traducción: la demanda es real y el SEPE la documenta. El sueldo concreto, en cambio, depende de si trabajas por cuenta ajena en una empresa con convenio o te montas por tu cuenta, y ahí la horquilla es enorme.
La letra pequeña del curso de tres meses
Antes de apuntarse conviene saber que no todo el oficio se despacha con un curso breve. Determinadas actividades exigen formación reglada, acreditaciones o autorizaciones específicas: para tocar una instalación de gas hace falta el carné de instalador correspondiente, y para la parte eléctrica, la habilitación de instalador autorizado en baja tensión.
Sin esos papeles se puede trabajar, pero no en todo. Y el trabajo que mejor se paga suele ser justamente el que los pide.
La vía ordenada para entrar al oficio en España sigue siendo la Formación Profesional: el grado medio de Instalaciones de Producción de Calor o el de Instalaciones Frigoríficas y de Climatización dan el título y la base para sacarse después las habilitaciones. Dura dos cursos, no tres meses, pero al final del camino nadie discute si el papel vale.
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