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Un médico experto en longevidad revela qué te hace envejecer más rápido: la falta de un mineral que casi nadie vigila

Calambres por la noche, un cansancio que no se va con el café, el sueño que se rompe a las cuatro de la mañana. A partir de cierta edad, todo eso se archiva bajo la misma etiqueta: cosas de los años.

Chocolate negro, espinacas, frutos secos y semillas: algunas de las mejores fuentes de magnesio.
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El médico integrativo Sebastián La Rosa, especialista en longevidad, propone revisar antes otra posibilidad, mucho más fácil de corregir. Según explica, cuando falta magnesio en el cuerpo, se envejece a mayor velocidad, y es un mineral que muy poca gente se mira.

Qué tiene que ver un mineral con el reloj biológico

El magnesio participa en más de 300 reacciones químicas del organismo, desde la producción de energía hasta la contracción muscular o el ritmo del corazón. La Rosa pone el foco en una de sus funciones menos conocidas: mantener a raya la inflamación crónica de bajo grado, la que los investigadores han bautizado como inflammaging, una mezcla de inflamación y envejecimiento.

Cuando el magnesio escasea, suben en sangre moléculas inflamatorias como la interleucina-1 y el TNF-alfa, y las plaquetas tienden a agregarse con más facilidad, con lo que eso supone para el corazón y las arterias.

Esa inflamación de fondo es, en palabras de La Rosa, "un acelerador del reloj biológico".

El mineral interviene además en la regulación de la tensión arterial, en la salud de huesos y músculos y en la calidad del sueño, cuatro frentes que deciden en buena medida cómo se llega a los 70.

Las señales que se confunden con la edad

La carencia de magnesio rara vez se presenta con un síntoma llamativo. Lo habitual es un goteo de molestias pequeñas:

  • Calambres musculares, sobre todo nocturnos y en las piernas.
  • Fatiga persistente, incluso después de dormir.
  • Ansiedad, irritabilidad y dificultad para concentrarse.
  • Palpitaciones y dolores de cabeza frecuentes.
  • Estreñimiento.

Por separado, cada una tiene mil explicaciones posibles. Juntas, y en una persona que come poco vegetal, dibujan un patrón bastante reconocible.

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Por qué casi nadie lo vigila

El magnesio tiene un problema de visibilidad. Menos del 1 % del que hay en el cuerpo circula por la sangre: el resto está guardado en huesos, músculos y otros tejidos. Por eso un análisis puede salir normal mientras las reservas van menguando, y por eso tampoco suele aparecer en la analítica rutinaria.

A eso se suman varios factores que lo van restando sin que nadie se dé cuenta:

  • Algunos medicamentos muy comunes, como el omeprazol y otros protectores de estómago tomados durante más de un año, o ciertos diuréticos.
  • El alcohol, que aumenta su eliminación por la orina.
  • Los cereales refinados: al blanquear la harina se pierde buena parte del magnesio que llevaba el grano entero.

El estrés crónico y los entrenamientos intensos con mucho sudor completan la lista de gastos. Ninguno de estos factores avisa por sí solo, y por eso el déficit se instala sin hacer ruido.

El mineral que más se pierde con la dieta moderna es justo el que no sale en el análisis de sangre de cada año.

La buena noticia es que reponerlo no exige nada exótico. Basta con saber dónde buscarlo y cuánto necesita el cuerpo.

Dónde está y cuánto hace falta

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria fija la ingesta adecuada en 350 miligramos diarios para los hombres y 300 para las mujeres. Llegar a esa cifra con comida es más sencillo de lo que parece:

  • Pipas de calabaza: un puñado de 30 gramos aporta unos 150 mg.
  • Almendras: 30 gramos, unos 80 mg.
  • Espinacas cocidas: un plato de 100 gramos, unos 85 mg.
  • Garbanzos cocidos: una ración de 150 gramos, unos 70 mg.
  • Chocolate negro de 85 %: dos onzas, unos 65 mg.

Un desayuno con avena y frutos secos, un plato de legumbre a mediodía y una ensalada verde por la noche cubren buena parte del día sin necesidad de contar nada. El aguacate, el pan integral y el cacao puro completan la lista.

Pipas de calabaza y frutos secos: un puñado cubre buena parte del magnesio del día.

Para quien recurra al suplemento, la EFSA sitúa el tope en 250 miligramos diarios por esa vía. Pasado ese punto, el primer efecto que se nota es laxante, y en el cuarto de baño, no en el reloj biológico.

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