Tu aire acondicionado da calor sin que tiemble la factura: los expertos lo ajustan así en invierno — y no es a 27
Llega el frío y millones de aparatos de aire acondicionado pasan a ser decoración de pared. Error caro: muchos de ellos llevan dentro una bomba de calor, y bien ajustada es de lo más barato que existe para calentar una habitación.

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La clave está en el "bien ajustada", porque el gesto instintivo — ponerlo a 27 para que caliente rápido — es justo el que dispara el consumo. Los especialistas en climatización recomiendan arrancar entre 20 y 22 grados, y a partir de ahí afinar al gusto.
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Por qué el 27 no calienta antes
El aparato no es un grifo que se abre más: subir el termostato no acelera el calor, solo cambia el punto donde el equipo dejará de esforzarse. Mientras tanto, cada grado de más se paga: la referencia habitual de los organismos de eficiencia energética es que cada grado extra encarece el consumo en torno a un 7 %.

La ventaja de estos aparatos frente al radiador eléctrico está en la física. El radiador convierte cada kilovatio de electricidad en un kilovatio de calor, y ahí se acaba la magia. La bomba de calor no fabrica el calor: lo captura del aire exterior y lo mete en casa, de modo que con un kilovatio eléctrico entrega en condiciones normales en torno a tres de calor.
Traducción: el radiador eléctrico cobra el calor a precio de fábrica; la bomba de calor lo trae de fuera y solo cobra el transporte. Esa es toda la diferencia en la factura.
Los ajustes que marcan la diferencia
- Temperatura: entre 20 y 22 grados como referencia de partida, no 26 ni 27.
- Lamas hacia abajo. El aire caliente sube solo; si sale apuntando al techo, se queda allí calentando las lámparas. Orientadas al suelo, el calor se reparte.
- Solo las estancias ocupadas. Calentar el dormitorio desde las cinco de la tarde para entrar a las once es regalar kilovatios. El split del salón, con la puerta de esa estancia cerrada, hace su trabajo donde hace falta.
- Con inverter, mejor constante que a arrancones. Estos equipos bajan la potencia solos al acercarse a la temperatura fijada, así que para una tarde entera en casa compensa más una temperatura moderada mantenida que el encendido-apagado continuo.
- Los filtros, limpios. Tras un verano entero de funcionamiento, el polvo acumulado estrangula el caudal de aire. Muchos aparatos que "ya no calientan como antes" solo necesitan una limpieza de filtros según el manual.
Antes de culpar al aparato, conviene también mirar la habitación: una ventana que no cierra o una rendija bajo la puerta obligan al equipo a compensar pérdidas sin descanso, y eso no lo arregla ningún termostato.
Ojo al límite del invento: la bomba de calor rinde de maravilla con el invierno templado de buena parte de España, pero su eficiencia cae cuando el termómetro exterior baja de cero, porque ahí fuera queda poco calor que capturar. En la meseta en plena helada es un apoyo; en la costa, puede ser directamente la calefacción.
Para quien sale de casa unas horas, la decisión depende del aislamiento: una vivienda que retiene bien el calor agradece bajar unos grados y mantener; una que lo pierde rápido, apagar y encender a la vuelta. La factura de diciembre dirá quién acertó.
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