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Pago menos de luz desde que toqué una sola rueda del termo: el número para el invierno que la mayoría ni mira

Hay una rueda en tu casa que lleva años en la misma posición: la del termo eléctrico. La dejó puesta el instalador, muchas veces cerca del máximo, y ahí sigue, calentando de más y cobrándotelo cada mes.

El agua caliente, el gasto silencioso que crece en invierno.
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El número correcto existe y tiene respaldo oficial: la franja recomendada está entre los 55 y los 60 grados, según el rango que manejan los expertos y las guías del IDAE para sistemas de acumulación. Muchos aparatos permiten llegar a 70 u 80, y ahí es exactamente donde no hay que estar.

Por qué ese número y no otro

La cuenta tiene dos topes, y los dos importan.

Por arriba, cada grado extra sobre los 60 dispara el consumo sin mejorar nada: el agua de la ducha se usa a unos 38-40 grados de todas formas, mezclada con la fría. Calentar a 75 para luego enfriar en el grifo es pagar por calor que se tira. De propina, las temperaturas altas aceleran la cal y el desgaste de la resistencia, que es la avería clásica del termo.

Una rueda que casi nadie ha movido desde la instalación.

Por abajo, el límite no lo pone el bolsillo sino la salud.

Ojo al suelo de los 50 grados, que no es negociable: la legionela, una bacteria causante de infecciones respiratorias graves, prolifera entre los 20 y los 45 ºC. Bajar el termo a 40 "para ahorrar" convierte el depósito en su balneario. Nunca por debajo de 50, y si el aparato tiene modo antilegionela — un ciclo puntual por encima de 60 —, conviene dejarlo activado.

Por qué justo ahora, en invierno

El termo trabaja contra la temperatura del agua que le entra, y en invierno esa agua llega de la calle bastante más fría que en agosto. Mismo ajuste, más esfuerzo, factura más alta: por eso el gasto en agua caliente sube solo estos meses aunque nadie toque nada. Es el momento del año en que afinar la rueda se nota más, no el momento de subirla al máximo "porque hace frío".

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Con el número bien puesto, hay tres ajustes más que redondean la jugada:

  1. Un temporizador o enchufe programable, para que el termo caliente en horas valle si tu tarifa distingue tramos, y no recaliente a las cuatro de la tarde lo que no vas a usar hasta la noche.
  2. Abrigo para el aparato, si vive en una galería o un lavadero frío: una manta térmica para termos cuesta poco y reduce las pérdidas de calor que la resistencia repone una y otra vez.
  3. Mantenimiento de la cal, porque un depósito con sedimento calienta peor aunque la temperatura sea la correcta. En zonas de agua dura, una revisión de la resistencia y el ánodo cada pocos años alarga la vida del termo y de la factura.

Traducción: el ahorro del termo no está en ducharse a oscuras ni en el agua tibia heroica. Está en no calentar de más, no calentar cuando no toca y no perder por el camino lo calentado. Tres cosas que se arreglan una tarde y duran todo el invierno.

El agua caliente es, tras la calefacción, uno de los grandes consumos silenciosos de la casa. Que su regulador lleve una década sin que nadie lo mire dice mucho de por qué las facturas sorprenden tanto.

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