Sin olores ni arena por toda la casa: 3 razas de gato que se toman la limpieza muy en serio
Hay casas con gato en las que el gato se nota nada más abrir la puerta, y casas en las que solo se nota cuando sale a recibirte. La diferencia empieza por el gato que eliges.

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Todos los gatos se asean, y le dedican una parte enorme de las horas que pasan despiertos. No todos lo tienen igual de fácil, eso sí: un pelo corto y denso suelta menos por el sofá y no arrastra arena enganchada en las patas traseras. Estas tres razas parten con esa ventaja.
Azul ruso: el que se peina solo
De pelaje gris plateado, tupido y afelpado, el azul ruso tiene fama de pulcro, y las guías de razas la respaldan: se mantiene bien acicalado por su cuenta, suelta poco pelo y basta con acariciarlo para retirar el que se le cae. El cepillo, en su caso, es casi opcional.
Tiene además un rasgo de carácter que encaja con la casa ordenada: le gusta la rutina, con las comidas a su hora y pocos cambios. Eso incluye el arenero siempre en el mismo sitio y siempre limpio.
British Shorthair: tranquilo y de bajo mantenimiento
El gato de cara redonda y aspecto de peluche tiene un pelo denso que pide poco: un cepillado a la semana, y algo más en primavera y otoño, cuando muda. Su temperamento sosegado ayuda: es de los que se pasan la tarde en el sofá, no de los que recorren las estanterías.
Siamés: poco pelo, mucha conversación
El pelo del siamés es corto, fino y va pegado al cuerpo, así que se mantiene con una pasada semanal de peine. Deja muy poco rastro en la ropa y en los cojines.
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Lo que ahorra en pelo lo gasta en voz. El siamés es famoso por lo mucho que maúlla y por la insistencia con la que reclama atención, un dato que conviene conocer antes de adoptarlo si se vive en un piso con paredes finas.
Pelo corto, muda discreta y un aseo que el propio gato hace a conciencia: con estas tres razas, el sofá y la ropa oscura sobreviven a la convivencia.
Las tres comparten además algo que se agradece en un piso: el pelo no se apelmaza ni arrastra arena, así que lo que sale del arenero se queda en el arenero. Y el contraste se ve todavía mejor con las razas que se quedan fuera.
Las que no están en la lista, y por qué
La ausencia de algunas razas muy populares tiene explicación:
- Persa y Maine Coon. Preciosos, pero de pelo largo. La arena se les engancha en los cuartos traseros y acaba repartida por el pasillo, y el persa necesita cepillado diario.
- Sphynx. Parece la opción más limpia por no tener pelo, y resulta la contraria: sin pelaje que absorba la grasa de la piel, necesita un baño semanal.
Con ellas se puede tener una casa impecable, pero cuesta bastante más trabajo. El cepillo diario o el baño semanal pasan a formar parte de la rutina, igual que fregar los platos.
El arenero, la otra mitad del asunto
Hasta el gato más pulcro necesita un arenero a su altura. La veterinaria Eva Carmona lo resume con una frecuencia que sorprende a muchos dueños primerizos:
"La arena debe limpiarse entre una y dos veces al día", recomienda en Consumer Eroski, además de un cambio completo y un lavado de la bandeja con detergente suave una vez por semana.
Esa limpieza diaria es la que más pesa en el olor de la casa, pero no es la única pieza. Las pautas de Cats Protection, la gran organización británica de bienestar felino, completan el manual:
- Un arenero por gato, más uno extra. Con dos gatos, tres bandejas.
- Unos 3 centímetros de arena, que es la profundidad que la mayoría prefiere.
- Separados entre sí. Dos areneros en fila cuentan como uno solo desde el punto de vista del gato.
- Lejos de la comida, el agua y la cama, y en un rincón tranquilo, sin electrodomésticos ruidosos al lado.
En cuanto a la arena, los gatos suelen preferir la aglomerante de grano fino y sin perfume. Los ambientadores junto a la bandeja juegan en contra: a muchos gatos les molestan los olores fuertes, y los cítricos en especial.

Para la arena que viaja por la casa pegada a las patas, una alfombrilla de rejilla a la salida del arenero atrapa la mayoría de los granos antes de que lleguen al salón.
Y una última pista que vale para las tres razas: si un gato que siempre ha sido escrupuloso empieza de repente a hacer sus necesidades fuera de la bandeja, el primer sospechoso no es el carácter. Muchas veces hay un problema de salud detrás, como una cistitis, y lo que toca es una visita al veterinario antes que cambiar de arena.
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