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Las latas de mejillones, berberechos y sardinas de siempre cambian por ley: muchas ya no podrán llamarse así

En el lineal de conservas de cualquier supermercado español hay latas que llevan décadas llamándose como les conviene, con nombres bonitos y contenidos que no siempre coinciden. Se acabó.

La etiqueta de la lata pasa a tener letra pequeña con consecuencias.
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El Real Decreto 1082/2025, publicado en el BOE, endurece el etiquetado de los productos pesqueros y de acuicultura envasados que se venden en España. Y su idea central es sencilla: cada cosa, por su nombre.

Sardinilla ya no es "sardina pequeña": tiene talla y peso exactos.

Qué cambia exactamente

La denominación del etiquetado tiene que ajustarse ahora tanto a la denominación comercial oficial española como a la científica correspondiente, coincidiendo con la registrada en la base de datos ASFIS de la FAO.

Traducción: se cierra la puerta a que una lata de zamburiñas lleve dentro vieiras del Pacífico o volandeiras sin que el comprador se entere. Si en la etiqueta pone una cosa, dentro va esa cosa.

Además, palabras que hasta ahora cada fabricante interpretaba a su gusto pasan a tener significado legal:

  • Estados y tratamientos: "limpio", "eviscerado", "ultracongelado", "pasteurizado", "ahumado" o "en escabeche" dejan de ser adjetivos publicitarios.
  • Partes del pescado: "ventresca", "cocochas", "anillas", "filete" o "lomo" se convierten en categorías con requisitos anatómicos concretos. Un envase solo puede hablar de ventresca si lo que hay dentro lo es.

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El caso de la sardinilla

Es el cambio más fácil de ver en el súper. Hasta ahora, sardinilla era, sencillamente, una sardina pequeña. A partir de la norma hay límites exactos:

  • Del Mediterráneo: entre 11 y 15 centímetros, y entre 12,5 y 25 gramos.
  • Del resto de caladeros: entre 11 y 13,7 centímetros, y entre 10,7 y 25 gramos.

Fuera de esas horquillas, la lata tendrá que llamarse otra cosa.

Mejillones, berberechos y almejas

Aquí el cambio venía con retraso considerable: las normas de calidad que regulaban estas conservas databan de 1985. Cuatro décadas después, con otros hábitos de consumo y otras técnicas de producción, se han derogado artículos concretos de aquellas órdenes ministeriales.

Ojo al detalle que más se va a notar en el bivalvo: además de la denominación científica y de describir la presentación, ahora hay que especificar los aditivos empleados para mantener la textura del producto. Eso, en una lata de mejillones, es información nueva.

Todo esto ya se aplica a latas de mejillones, sardinas, berberechos, atún o ventresca, entre otras. El envase que tengas en casa comprado antes seguirá siendo el mismo; el que compres a partir de ahora, no necesariamente llevará el mismo nombre en la etiqueta.

El objetivo declarado de la norma es que cualquier comprador pueda acceder, desde el propio envase y en el punto de venta, a información completa y verificable antes de decidir. Dicho de otra forma: que para saber qué estás comprando no haga falta conocerse el mercado, basta con leer la lata.

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