Editorial

Barcelona · Actualidad local

Llevas años limpiando el váter mal: un ingeniero químico da el orden correcto y cuánto hay que esperar

Echar lejía, pasar la escobilla y tirar de la cadena. Así lo hace medio país, y así es como se desperdicia el producto.

Primero limpiar, después desinfectar. En ese orden.
Legion-Media

Contenido del artículo

Un ingeniero químico lo ha explicado en un vídeo que corre estos días, y el problema no está en qué se usa: está en el orden.

El error más común: lejía directa sobre la suciedad.

Limpiar y desinfectar no son lo mismo

Son dos operaciones distintas y van en este orden: primero se retira la suciedad visible, y solo después, si hace falta, se desinfecta. Lo primero arrastra la mugre; lo segundo mata gérmenes.

El error habitual es aplicar lejía o desinfectante directamente sobre una superficie sucia. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades estadounidenses (CDC) recomiendan justo lo contrario, porque los restos de suciedad y materia orgánica impiden que el desinfectante haga su trabajo.

Traducción: la lejía echada sobre una taza sucia se gasta peleando con la suciedad en lugar de con las bacterias. Es como fregar el suelo sin barrer antes.

El orden correcto, en cuatro pasos

  1. Limpia con un producto adecuado para el baño y retira la suciedad visible.
  2. Aclara o retira los restos del limpiador cuando el producto lo requiera.
  3. Aplica el desinfectante siguiendo las indicaciones de la etiqueta.
  4. Respeta el tiempo de contacto que marca el fabricante: en la mayoría de los desinfectantes domésticos son varios minutos, no dos pasadas de escobilla.

Ese cuarto punto es el que casi todo el mundo se salta, y es el que decide el resultado. Si el producto necesita cinco o diez minutos actuando y tú tiras de la cadena al minuto, has limpiado la taza y poco más: el desinfectante se ha ido por el desagüe antes de empezar a trabajar.

Te puede interesar: La pensión máxima ya roza los 3.360 euros al mes: lo que le pase en 2027 depende de un dato de diciembre

La regla que no se rompe

No mezclar productos. En especial, la lejía no debe combinarse nunca con otros limpiadores o desinfectantes: el CDC advierte de que esas mezclas liberan vapores peligrosos, y la Agencia de Protección Ambiental estadounidense insiste además en ventilar mientras se limpia.

Ojo al caso concreto que pasa en cualquier baño: echar lejía sobre un inodoro que todavía tiene restos de otro limpiador. Ahí ya has hecho la mezcla sin querer.

Un último matiz que ahorra dinero: según el propio CDC, en la mayoría de las situaciones domésticas la limpieza habitual con agua y jabón o detergente basta para eliminar buena parte de los gérmenes. La desinfección tiene sentido sobre todo cuando hay alguien enfermo en casa o convive una persona con más riesgo de infección.

Dicho de otra forma: el armario del baño con seis botes distintos no limpia más que uno usado en el orden correcto y con su tiempo de espera respetado. Lo que sobra es producto, no suciedad.

Anteriormente escribimos: Sacar al perro a la calle contigo puede ser multa de 500 euros según a qué vayas: la ley lo llama "reclamo"