La ensalada de atún y huevo con lo que hay en casa: dos cucharadas de mayonesa y lista en lo que cuecen los huevos
Hay cenas que se planifican y cenas que se improvisan abriendo armarios. Esta pertenece con orgullo al segundo grupo: una lata de atún, tres huevos y un pepino dan para un plato que se termina antes de decidir qué ver esta noche.

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El tiempo total lo marca el cazo: lo que tardan los huevos en cocerse es lo que tarda la ensalada en existir. Todo lo demás es cortar y mezclar.
Lo que lleva y cómo se monta
- 1 lata de atún al natural, bien escurrida y desmenuzada con un tenedor
- 3 huevos cocidos — 10 minutos desde que el agua hierve —, fríos y en dados
- 1 pepino grande o 3 pequeños, en dados o bastones, escurridos si sueltan mucha agua
- Un puñado de eneldo picado — o perejil o cebollino, que en España se encuentran con los ojos cerrados
- 1-2 cucharadas de mayonesa y sal, solo si hace falta
El montaje tiene su pequeño método: primero una sola cucharada de mayonesa, mezclar con suavidad y mirar. Si la ensalada pide más, va la segunda. Empezar con dos es el camino directo a la ensalada embadurnada que nadie quería.
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Y antes de tocar el salero, probar. El atún en lata y la mayonesa ya traen su propia sal de fábrica, y entre los dos suelen dejar el trabajo hecho.
Ojo al charco del fondo del bol, que es el fallo clásico de esta ensalada: lo provoca el pepino, que al contacto con la sal y el aliño suelta su agua. Por eso, si se prepara con antelación, los ingredientes pueden esperar cortados en la nevera, pero la mayonesa y la sal entran en el último minuto. Aliñada por la mañana para la noche, llega nadando.
Las variantes de armario
La gracia de esta base es lo bien que encaja lo que haya: medio bote de maíz, unas aceitunas, cebolleta picada o unas alcaparras entran sin pedir permiso. Unas gotas de limón o un toque de pimienta negra la despiertan si el día pide algo más.

Con el atún hay una decisión previa que cambia el aliño: si la lata es en aceite de oliva en lugar de al natural, conviene escurrirla a conciencia y quedarse en una sola cucharada de mayonesa — o sustituirla por una cucharada de ese mismo aceite y el limón, versión más ligera del mismo plato.
Traducción: esto no es una receta, es una plantilla. Proteína de lata, huevo cocido, algo fresco que cruja y la mínima mayonesa que lo una. Quien domina la plantilla no vuelve a mirar la nevera vacía con angustia un martes por la noche.
Para servirla hay vida más allá del bol: sobre pan tostado aguanta un aperitivo, dentro de un tomate vaciado se disfraza de primero de restaurante, y en un táper es de las pocas ensaladas que viajan bien al trabajo — con el aliño en un botecito aparte, por lo del charco.
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