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Marino así los muslos de pollo y valen para horno y barbacoa: yogur, mostaza y ajo — y la carne se deshace

Hay marinados que prometen mucho en el bol y desaparecen en el horno. Y luego está el de yogur, que hace dos trabajos a la vez: ablanda la carne por dentro y le construye la corteza por fuera.

Un marinado de nevera que vale igual para el horno que para las brasas.
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La mezcla que circula estos días en redes lleva lo que ya hay en casi cualquier nevera — yogur natural, mostaza de toda la vida, miel y ajo — y tiene una virtud rara en las recetas de pollo: funciona exactamente igual en el horno de diario que en la barbacoa del domingo.

Por qué el yogur gana al limón

Casi todos los marinados caseros fían el ablandado al ácido fuerte: limón o vinagre. El problema es que ese ácido trabaja demasiado rápido y solo por fuera, dejando la superficie pastosa mientras el interior ni se entera.

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El yogur juega otra liga. Su ácido láctico es suave y actúa despacio sobre las proteínas, ablandando sin estropear la textura. Y su densidad hace de pegamento: las especias se quedan agarradas a la carne en vez de escurrirse al fondo de la fuente, y en el horno esa capa se transforma en la corteza dorada que firma el plato.

Traducción: el limón es un ácido con prisa y el yogur, uno con paciencia. Para un filete fino que va a la plancha en veinte minutos, vale el primero. Para unos muslos que esperan horas en la nevera, el segundo no tiene rival.

Cantidades y pasos

Para un kilo de muslos de pollo:

  • 150 g de yogur natural sin azúcar
  • 1 cucharada de mostaza normal
  • 1 cucharada de miel
  • 3 dientes de ajo picados
  • 1 cucharadita de pimentón dulce y media de pimentón ahumado
  • Media cucharadita de cilantro molido, una de sal y media de pimienta negra

Se mezcla todo hasta tener una crema homogénea, se secan los muslos con papel de cocina — la humedad es enemiga del marinado — y se embadurnan bien. A la nevera entre 4 y 6 horas; dejarlo por la mañana para la cena es el movimiento perfecto.

Las especias, bien agarradas a la carne antes de las horas de nevera.

Al horno: se retira el exceso de marinado y se hacen a 190 °C unos 40-45 minutos, hasta la corteza dorada y los jugos claros al pinchar. A la brasa: sobre ascuas medias, dando la vuelta a menudo.

Ojo a la miel cuando hay fuego de verdad: sus azúcares doran precioso en el horno y se queman en segundos sobre una llama. En la barbacoa, nada de fuego vivo — brasas tranquilas, vueltas frecuentes y paciencia. El negro carbonizado no es "toque ahumado", es azúcar quemado.

Dos apuntes de despensa para rematar: si en casa hay kéfir y no yogur, sirve igual — es la misma familia láctica, solo más líquida. Y la mezcla admite repetirse con contramuslos o alitas ajustando tiempos a la baja. Con un arroz, unas verduras asadas en la misma bandeja o una ensalada de cebolla, la cena entera sale del mismo bol en el que empezó todo por la mañana.

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