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Huevos en cestitas de queso, la estrella de cualquier desayuno: crujientes por fuera y tiernos por dentro

El desayuno del domingo tiene una nueva estrella, y su mayor virtud es que hace todo el trabajo sola. Una cesta de queso con espinacas que se tuesta en el horno, un huevo dentro y, al cabo de un cuarto de hora, una corteza crujiente con la yema esperando en el centro.

Huevo al horno con queso: la clara cuajada y la yema esperando en el centro.
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Es un plato de los que se lucen en la mesa sin esfuerzo: se monta en diez minutos, el horno se encarga del resto y se sirve en el mismo molde en el que se ha hecho.

Los ingredientes

Para dos cestitas:

  • 2 huevos.
  • 30 g de parmesano y 30 g de cheddar o gruyère, rallados finos.
  • 2 cucharadas de nata.
  • Un puñado de espinacas frescas.
  • 1 diente de ajo.
  • Sal, pimienta negra y pimentón.
  • Aceite para saltear y engrasar los moldes.

La mezcla de dos quesos tiene su lógica. El parmesano aporta sabor intenso y se tuesta hasta quedar crujiente, y el cheddar o el gruyère funden mejor y mantienen la cesta unida.

Espinacas, huevo y jamón: el desayuno pasa de ligero a contundente con un solo cambio.

Paso a paso

  1. Saltea las espinacas con el ajo picado en un poco de aceite, solo hasta que se ablanden. Escúrrelas bien y pícalas fino.
  2. Mezcla los quesos rallados con las espinacas, la nata, sal, pimienta y una pizca de pimentón, hasta obtener una masa húmeda y pegajosa.
  3. Engrasa dos moldes individuales y forra con la masa el fondo y las paredes, presionando con los dedos para formar una cesta con hueco en el centro.
  4. Casca un huevo con cuidado dentro de cada cesta, sin romper la yema.
  5. Hornea a 180 °C de 15 a 18 minutos, hasta que la corteza esté dorada y el huevo, a tu gusto.

El tiempo de horno decide la yema: a los 15 minutos la clara está cuajada y la yema sigue líquida, perfecta para mojar pan; a los 18, la yema queda cremosa y firme.

Las espinacas tienen que entrar en la masa bien escurridas. El agua que les quede se convierte en vapor dentro del horno y la cesta sale blanda en lugar de crujiente, así que conviene apretarlas entre las manos o contra un colador hasta que no suelten ni una gota.

Lo mismo vale para la nata: dos cucharadas son la medida justa para que la masa se pegue a las paredes del molde. Con más, la cesta se escurre hacia el fondo antes de que el queso tenga tiempo de tostarse.

Moldes, desmoldado y variaciones

Para el molde vale una flanera o un molde de magdalenas, y los de silicona son los más agradecidos a la hora de desmoldar. Sea cual sea el elegido, el truco está en esperar dos o tres minutos al sacar las cestitas del horno: el queso se asienta al templarse y la cesta sale entera.

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Se sirven con una tostada de pan rústico, unos tomates cherry o una ensalada verde. Y la receta admite cambiar las espinacas por un poco de jamón serrano picado o unos taquitos de beicon salteados: el procedimiento es el mismo, y el desayuno pasa de ligero a contundente.

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