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Hasta 18 meses de cárcel por coger castañas: la Guardia Civil avisa de que el paseo por el campo te puede salir carísimo

Octubre llena el monte de castañas y de gente con bolsas. Lo que casi nadie que llena la bolsa sabe es que ese gesto tiene artículo propio en el Código Penal.

El suelo del castañar tiene dueño, aunque no haya valla.
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El aviso lo lanza la Guardia Civil a través de sus Equipos Roca, los especializados en robos en el campo: coger castañas en una finca ajena sin permiso es, como mínimo, una infracción, y puede llegar a delito. Si el valor de lo recogido supera los 400 euros, el artículo 234 del Código Penal contempla penas de seis a dieciocho meses de prisión. Y si por el camino se fuerza una cancela o se rompe un cierre, la cosa escala a robo con fuerza.

El malentendido que lo explica casi todo

La confusión nace de una idea muy extendida: lo que está en el suelo del monte es de quien lo coge. Con las castañas, no.

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"Hay fincas que se dedican a recolectarlas y solo sus propietarios pueden hacerlo", recuerda la Guardia Civil. El castañar es un cultivo como un olivar o un viñedo: que el fruto esté en el suelo no lo convierte en gratuito, porque caerse del árbol es exactamente su forma de cosecharse.

Ojo al detalle que más sorprende: la finca no necesita estar vallada ni tener cartel. Una parcela sin cerca y con aspecto de abandono sigue siendo propiedad privada, y entrar a recolectar en ella sigue estando prohibido.

La escala de sanciones funciona por valor, no por peso. Por debajo de los 400 euros el asunto se queda en delito leve de hurto, que se salda con multa; por encima, entran en juego los meses de cárcel. Nadie va a prisión por un puñado de castañas del paseo — pero las bolsas de rafia llenas en el maletero ya no son un puñado, y ahí es donde aparecen los Equipos Roca.

Cesta en mano: el paseo de otoño que, sin permiso, puede acabar en multa.

No es una guerra contra paseantes

Detrás del aviso hay un problema económico serio, y Huelva es el mejor ejemplo: sus castañares, de los más productivos del país, generan unos 15.000 jornales al año, y los robos se llevan cada temporada entre el 10 y el 20 % de la cosecha. Solo en 2023 los agentes intervinieron más de 1.100 kilos de castañas sustraídas.

Traducción: el objetivo de la Guardia Civil no es el excursionista con diez castañas en el bolsillo, es el que entra con sacos y revende. Pero la ley que protege al castañicultor del segundo también alcanza, sobre el papel, al primero. Mejor saberlo antes de agacharse.

Dónde sí se puede llenar la bolsa

  • En montes públicos donde el aprovechamiento vecinal esté permitido: la regulación es local, y el ayuntamiento de la zona es quien lo aclara en una llamada.
  • En eventos organizados — los magostos y fiestas de la castaña que proliferan en otoño por todo el norte y el oeste del país.
  • Con permiso del dueño, que en los pueblos muchas veces se consigue simplemente preguntando.

La misma lógica, por cierto, conviene aplicarla a las setas: buena parte de las comunidades regulan su recogida con acotados y permisos, y el desconocimiento tampoco exime ahí. "La clave está en respetar la propiedad privada y las normas locales", resume la Guardia Civil — que es la versión administrativa de una regla más vieja: en el campo, lo que no es tuyo, tiene dueño.

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