Hace 20 años inflar las ruedas era gratis: hoy la gasolinera te cobra hasta por el aire
Hay una lista que crece en silencio y que cualquiera mayor de 35 puede recitar de memoria: cosas que hace veinte años nadie pagaba y hoy pasan por caja. <a href="https://www.huffingtonpost.es/economia/6-cosas-eran-gratis-espana-10-20-anos-hoy-dia-pagamos.html">La prensa la repasa cada cierto tiempo</a> — la bolsa del supermercado, la cuenta del banco sin comisiones, el equipaje de mano, elegir asiento en el avión — y cada vez que lo hace, los lectores añaden las suyas: el perejil que regalaba el frutero no, pero casi: el perejil, los huesos y las carcasas del carnicero, el fútbol en abierto, el regalo del banco por ser cliente.

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Y una que se lleva la indignación por goleada: el aire de las ruedas.
El símbolo perfecto
La máquina de presión de la gasolinera fue gratuita toda la vida. Hoy, en buena parte de las estaciones, funciona con monedas: entre 50 céntimos y 1 euro por unos minutos de compresor. Es legal: ninguna norma obliga a las estaciones de servicio a ofrecer el aire gratis, así que cada una decide.

El detalle que lo convierte en símbolo es ese: no han encarecido el aire, porque el aire no puede ser más caro. Han empezado a cobrarlo. Son dos operaciones distintas, y la segunda es la que define estas dos décadas.
Traducción: la inflación sube el precio de lo que ya tenía precio. Esto es otra cosa — ponerle contador a lo que no lo tenía. La bolsa, el aire, el asiento junto a tu hijo en el avión: ninguno era gratis por generosidad, eran gratis porque a nadie se le había ocurrido todavía cobrarlos.
La lista, repasada
- La bolsa del súper. Obligatorio cobrarla desde 2018, con argumento ecológico. El plástico bajó; el cobro se quedó y se extendió a la bolsa de papel.
- La cuenta del banco. Mantenerla cuesta hoy hasta 240 euros al año en varias entidades si no cumples condiciones de vinculación: nómina, recibos, tarjeta. Hace veinte años el banco te regalaba una vajilla por entrar.
- El equipaje de mano. Volar con una maleta pequeña en cabina pasó de derecho a suplemento en varias aerolíneas de bajo coste, con multas de Consumo de por medio y pleitos aún abiertos.
- Elegir asiento. Sentarte junto a quien viajas, incluido tu propio hijo pequeño, se ha convertido en una decisión de pago.
- El perejil, los huesos, la carcasa. Lo que el mercado regalaba porque no valía nada ahora tiene etiqueta: el caldo casero cotiza.
- El fútbol. De la Liga en abierto a tres suscripciones para seguir a un mismo equipo.
En algunos casos hay una lógica defendible — menos plástico, billetes base más baratos para quien viaja sin maleta —, y conviene decirlo. Pero el patrón de fondo es el mismo en todos: trocear el servicio, llamarlo opción y cobrar por recomponerlo.
Ojo al truco del aire, que tiene salida barata: un inflador eléctrico portátil cuesta desde 15-20 euros y vive en el maletero para siempre. Con dos revisiones de presión al mes, se paga solo en un año. Es, probablemente, la única entrada de esta lista que se puede boicotear con éxito.
Quién paga esto
La respuesta corta: todos, y cada día. La gracia — por llamarla de algún modo — de estos cobros es que son pequeños, cotidianos y no aparecen juntos en ningún recibo. Nadie suma los 60 céntimos de la bolsa, el euro del aire, los 5 del asiento y los 14 mensuales de la comisión. Sumados a lo largo de un año, son una paga extra que sale de casa sin que nadie la haya visto irse.
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La próxima entrada de la lista ya se adivina: lo que hoy sigue siendo gratis — el baño de la estación, el agua del grifo en el bar, pagar en efectivo sin recargo — es exactamente donde mirar.
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