Google mapeó el cerebro de una mosca y un ingeniero lo puso a jugar al Doom: miles de partidas después, sigue muriendo
Hay una regla no escrita en internet: todo lo que tenga un procesador acaba ejecutando el Doom. Neveras, calculadoras, test de embarazo. Ahora le ha tocado el turno al cerebro de una mosca.

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El mapa existe de verdad y lo firman HHMI Janelia, la Universidad de Cambridge y Google Research. Se llama MaleCNS v1.0 y es el sistema nervioso central completo de una mosca del vinagre macho, reconstruido conexión a conexión.
El mapa: 166.000 neuronas y 125 millones de conexiones
Las cifras del conectoma, publicado en junio y detallado después en la revista Cell: más de 166.000 neuronas, unos 125 millones de conexiones sinápticas y 11.691 tipos celulares distintos. No es solo el cerebro: incluye también el cordón nervioso ventral, el equivalente insecto de nuestra médula espinal.

Para hacerse una idea de la escala: un cerebro humano ronda los 86.000 millones de neuronas. La mosca tiene medio millón de veces menos, y aun así ha costado años de microscopía y algoritmos reconstruirla entera.
Con el mapa publicado y abierto, la comunidad hizo lo que hace la comunidad.
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Cómo se juega al Doom con un cerebro de mosca
El ingeniero Alex Wormuth montó el experimento conectando el juego al modelo. Cada fotograma se convierte en estímulos para las neuronas sensoriales de la mosca: 3.335 neuronas visuales del tipo R1-R6, que detectan contrastes de luz, y 811 del tipo R8, que procesan color. La actividad que generan esas neuronas se traduce en pulsaciones de mando.
"Cada fotograma de Doom estimula las neuronas sensoriales. La actividad neuronal se traduce en controles del juego", resume Wormuth.
Hasta hay castigo: cuando el personaje recibe daño, el sistema activa las células dopaminérgicas PPL101, las mismas que en una mosca real intervienen en el aprendizaje por refuerzo.
Por qué sigue muriendo
Miles de partidas después, el resultado es demoledor: el modelo no sobrevive y no muestra ninguna señal de haber entendido la mecánica del juego. Dispara, se mueve, choca y muere. Otra vez.
- Super Mario 64: la versión de Jessica Paquette tiene al personaje saltando contra las paredes en bucle.
- Minecraft: Evan Smith montó "NeuroCraft Fly", con respuestas de comportamiento predefinidas.
- La conclusión incómoda: tener el mapa completo de un cerebro no equivale a saber cómo funciona ese cerebro. Es la diferencia entre el plano del metro y saber conducir un tren.
La gracia del experimento no es el marcador, sino el banco de pruebas. Wormuth no buscaba una mosca campeona de Doom: el circuito visual de la Drosophila es uno de los sistemas nerviosos mejor estudiados del planeta, y ponerlo a procesar imágenes de un videojuego es una forma barata de comprobar si el modelo responde como respondería el bicho real.
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