¿Te hinchas a naranjas en otoño para no resfriarte? Hay un arbolito de maceta con 20 veces más vitamina C — y cabe en un balcón
Cada otoño repetimos el mismo ritual: naranjas a mansalva «para no resfriarnos». La intención es buena; la fruta elegida, mejorable. Porque hay un arbolito que deja a la naranja a la altura del betún en esto de la vitamina C.

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Se llama acerola (Malpighia emarginata), también cerezo de Barbados, y da un fruto rojo pequeño, entre la cereza y la guinda. Su gracia: es una de las frutas con más vitamina C del planeta, y cabe en una maceta grande en la terraza.
La cifra que importa
Una naranja ronda los 50 miligramos de vitamina C por cada 100 gramos. La acerola, según su punto de maduración, se mueve entre 1.500 y 1.700 miligramos — y aún verde, más. Es decir: más de 20 veces la naranja, y en algunas mediciones por encima de 30.

Ojo al mito de siempre: la vitamina C no evita el resfriado. Eso la ciencia lo tumbó hace años. Como mucho, en algunas personas, le recorta un poco la duración. Comer acerola está bien; blindarte, no te blinda.
Un par de acerolas cubren de sobra la vitamina C de un día. Con naranjas necesitas varias, más azúcar y más estómago.
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Cómo se cultiva en maceta
La acerola es tropical, así que en España pide sol y odia el frío. En la costa mediterránea o en Canarias aguanta en el jardín; en el resto, mejor en maceta para meterla a cubierto en invierno.
- La maceta: amplia y honda, con buen drenaje. Las raíces necesitan sitio y no soportan el encharcamiento.
- El sustrato: suelto, mezcla de tierra fértil con materia orgánica y algo que drene, como perlita o arena.
- El sol: varias horas de luz directa al día. Cuanto más sol, más fruto.
- El riego: tierra húmeda pero nunca empapada; la frecuencia depende del calor y del tamaño de la planta.
- El frío: por debajo de cero, dentro de casa. Una helada se la lleva por delante.
De la flor al bol
Florece y fructifica en la época cálida, y el fruto pasa de verde a rojo intenso cuando está listo: se recoge maduro, porque no aguanta mucho una vez cortado. Cruda es bastante ácida — no es una fruta de comer a puñados como la cereza —, así que lo habitual es tomarla en zumo, en mermelada o congelada para ir tirando de ella todo el año.
Traducción práctica: la vitamina C de la acerola se degrada rápido con el aire y la luz. Lo que no te comas en el día, al congelador, que ahí conserva casi toda su potencia.
Eso sí, paciencia: como casi todo frutal, los primeros años cunde poco. El puñado de cerezas ácidas con más vitamina C que medio frutero llega después.
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