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Froto media patata cruda por los cristales y los retrovisores y el coche deja de empañarse durante semanas

Cinco minutos cada mañana de invierno: motor en marcha, ventilador a tope y la manga del abrigo pasando por el parabrisas. Ese ritual se acorta muchísimo con media patata cruda y un paño limpio.

Un corazón dibujado en el cristal empañado: el vaho aparece cuando el aire húmedo toca el vidrio frío.
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El vaho aparece porque el aire del interior del coche va cargado de humedad, la de la respiración, los abrigos mojados y el paraguas en el suelo. Cuando ese aire toca el cristal frío, el vapor se condensa en millones de gotas diminutas, y cada una desvía la luz en una dirección distinta. Juntas forman la cortina blanca que no deja ver.

Cómo se aplica

El método, explicado paso a paso en Motorpasión, cuesta menos de un euro:

  1. Limpia el cristal con agua y sécalo con un paño de microfibra. El almidón no se agarra al polvo ni a la grasa, así que la superficie tiene que estar impecable.
  2. Corta una patata cruda por la mitad y frota la cara del corte por todo el cristal.
  3. Deja secar. El velo blanquecino que queda va desapareciendo solo.
  4. Repasa los restos con un paño que no suelte pelusa.

Sirve para la cara interior del parabrisas, las ventanillas y la luna trasera, y también para los retrovisores exteriores, que en los coches sin espejos calefactados se llenan de gotas con la lluvia y la niebla.

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Por qué funciona

Casi todas las explicaciones que circulan dicen que la patata crea una capa que repele el agua. La química dice justo lo contrario: el almidón es hidrófilo, atrae el agua.

Sobre el almidón, el agua se extiende en una lámina fina y transparente. Las gotas, que son las que tapan la vista, no llegan a formarse.

Es el mismo principio que usan los antivaho de las gafas de natación y de buceo. Los repelentes de lluvia que se venden para el exterior del parabrisas funcionan al revés, haciendo que el agua forme perlas que el viento arrastra con la velocidad.

En condiciones normales, el efecto dura varios días y puede llegar a un par de semanas. En los retrovisores exteriores, una buena tormenta lo acorta. La única condición del truco es la capa fina: si queda gruesa, forma vetas que de noche refractan las luces de los coches que vienen detrás, y entonces el remedio estorba más que el vaho.

Patatas crudas partidas por la mitad: el almidón de la cara del corte es el que evita las gotas.

La media patata usada da para más aplicaciones. Basta con cortar una lámina fina de la cara oxidada para dejar almidón fresco a la vista.

Si el coche ya está empañado

Para el vaho que ya está ahí, la herramienta más rápida es el aire acondicionado, incluso en pleno invierno. El compresor seca el aire antes de soltarlo sobre el cristal, y por eso la propia DGT recomienda usarlo en esta época del año. Acompañado del aire caliente dirigido al parabrisas, despeja el cristal en un par de minutos.

Ayudan también tres gestos:

  • Toma de aire exterior, no recirculación. Recircular mantiene dentro del coche la misma humedad que está empañando los cristales.
  • Luneta térmica encendida para el cristal trasero y, si los tiene, los retrovisores calefactados.
  • Nada húmedo dentro del coche: ni paraguas mojados ni ropa de deporte en la bandeja.

Lo que no conviene es pasar la mano o la manga: deja grasa en el cristal, y esa película es justo la que hace que vuelva a empañarse antes. Arrancar sin esperar a que se despeje tampoco es opción. El Reglamento General de Circulación exige que los cristales permitan una visibilidad diáfana al conductor, y circular sin ella puede costar una multa de 200 euros.

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