Echo dos cucharadas en la olla y lo quemado del fondo sale solo, en tiras: se acabó frotar con el estropajo
Las lentejas que se agarran, el arroz que se olvida, la leche que sube y se pega. Todas acaban igual: una costra negra en el fondo y media hora de brazo con el estropajo.

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El método que circula estos días en redes ahorra la media hora y casi todo el brazo. Lleva dos cucharadas de bicarbonato, un par de gotas de lavavajillas y diez minutos de fuego. Lo quemado se despega en láminas, como una pegatina vieja.
Cómo se hace
- Echa agua en la olla, unos dos vasos, lo justo para cubrir la zona quemada con un dedo de margen.
- Añade 2 cucharadas de bicarbonato y 2 o 3 gotas de lavavajillas.
- Lleva a ebullición y deja hervir a fuego medio unos 10 minutos.
- Tira el líquido con cuidado, que quema.
- Repasa con la cara suave de la esponja. Lo que queda sale casi sin presión.
Si el fondo estaba muy carbonizado, la segunda ronda suele rematar lo que la primera ha dejado. Y para los casos desesperados, la misma mezcla dejada en remojo toda la noche después del hervor hace el resto.
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Por qué funciona
El bicarbonato es una sustancia ligeramente alcalina, y lo quemado en una olla son sobre todo restos de grasa, proteínas y azúcares carbonizados. Los medios alcalinos ablandan precisamente ese tipo de residuos, y el calor acelera el proceso.

El hervor añade además un efecto que poca gente conoce: al calentarse, parte del bicarbonato se convierte en carbonato sódico, el compuesto de la antigua sosa de lavar, que es bastante más alcalino. Las gotas de lavavajillas completan el trabajo metiéndose en la grasa, que es el pegamento de toda la costra.
Traducción: no estás frotando la suciedad, la estás despegando. Diez minutos de química hacen lo que no hace media hora de estropajo, y además sin rayar la olla.
En qué ollas sí y en cuáles no
- Acero inoxidable y esmaltadas: las candidatas perfectas. Aguantan el hervor alcalino sin inmutarse.
- Aluminio: mejor no. Los medios alcalinos atacan este metal y pueden oscurecerlo o dejarle manchas que ya no se van.
- Hierro fundido: funciona, pero se lleva por delante la capa de curado. Después hay que volver a curarla con aceite.
- Antiadherentes: el hervor no les hace daño. El peligro viene después, si se remata con estropajo metálico: una vez rayado el recubrimiento, la sartén ya no tiene arreglo.
Antes de ponerte, mira bien qué hay en el fondo. Si la mancha es un cerco blanquecino y no negro, eso no es quemado, es cal del agua, y para la cal funciona mejor el vinagre que el bicarbonato.
Ojo a la espuma: el lavavajillas hace burbujas al hervir, así que no llenes la olla hasta arriba ni te vayas de la cocina. Una olla desbordada sobre la vitro es un segundo problema de limpieza, y bastante más feo que el primero.
Un apunte para no tener que repetir el truco cada semana: lo que más quema el fondo de una olla es el fuego demasiado alto con poco líquido. Bajar medio punto el fuego en los guisos largos y remover de vez en cuando evita la mayoría de las costras. El bicarbonato, que cuesta alrededor de un euro el paquete y dura meses, queda para las emergencias.
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