Mejor que la tarta de pastelería: bizcocho de chocolate y ciruelas pasas, jugoso y con una crema suavísima
Las ciruelas pasas llevan media vida injustamente archivadas en el cajón de «cosas de abuela». Y mientras tanto, la combinación de ciruela y chocolate sigue siendo una de las parejas más serias de la repostería: la fruta aporta un fondo ácido y casi de vino que corta el dulzor y hace que la tarta no empalague.

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Esta receta la aprovecha entera. Es una tarta de tres pisos de bizcocho de chocolate, crema de queso con leche condensada, ciruelas pasas y nueces. Suena a escaparate de pastelería; se hace con báscula, un molde y paciencia.
Los ingredientes
Bizcocho (molde de 21 cm): 5 huevos, 200 g de harina, 250 g de azúcar, 120 g de aceite suave, 100 ml de agua, 30 g de cacao puro, 4 g de levadura química, media cucharadita de bicarbonato y media de sal.

Crema y relleno: 500 g de queso quark o requesón suave, 380 g de leche condensada, 200 g de mantequilla, 200 g de ciruelas pasas y 120 g de nueces.
Almíbar: medio vaso de azúcar y medio de agua, hervidos un minuto.
El bizcocho
- La base de chocolate: calienta 200 g del azúcar con el cacao, el aceite y el agua, removiendo sin parar, hasta que hierva. Retira y deja enfriar del todo.
- La masa: bate los huevos con los 50 g de azúcar restantes hasta que doblen su volumen. Añade la mezcla de chocolate ya fría y, después, la harina tamizada con la sal, el bicarbonato y la levadura.
- El horno: molde de 21 cm forrado de papel, 180 °C y unos 45 minutos. Palillo seco, bizcocho listo.
- El reposo: frío del todo y, a ser posible, envuelto hasta el día siguiente. Después se le recorta la parte de arriba — guárdala — y se corta en tres capas.
Ojo al reposo del bizcocho, que es el paso que todo el mundo quiere saltarse: recién horneado se desmiga al cortarlo en capas. Tras una noche de descanso, la miga se asienta y se deja laminar sin drama. La tarta de hoy se empieza, en realidad, ayer.
La crema y el montaje
Tritura el queso con 2-3 cucharadas de la leche condensada hasta que quede liso. Aparte, bate la mantequilla en pomada e incorpórale el resto de la leche condensada en dos tandas; une las dos mezclas poco a poco. Las ciruelas, escaldadas 10 minutos en agua hirviendo, secas y en tiras; las nueces, tostadas en sartén sin aceite unos 10 minutos y picadas gruesas.
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El montaje va por pisos: capa de bizcocho calada con almíbar, crema, la mitad de las ciruelas y nueces, más crema, y se repite. La tercera capa se cala, se cubre con una capa fina de crema y se reservan 3-4 cucharadas para los laterales. Un aro de repostería o el propio molde ayudan a que suba recta.
Y después, la parte más difícil: la nevera. Cuatro horas como mínimo, siete o más si se puede.
Traducción: esta tarta no se hace en una tarde, se hace en dos ratos cortos de dos días. El frío es un ingrediente más — ahí es donde el almíbar, la crema y la ciruela se convierten en una sola cosa en vez de tres capas apiladas.
Para terminar, se cubren los laterales con la crema reservada y se visten con las migas del recorte tostado de bizcocho, que para eso se había guardado. El resultado aguanta la comparación con cualquier vitrina — y la gracia es exactamente esa: saber que salió de un horno doméstico y de un paquete de ciruelas pasas de supermercado que costó dos euros.
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