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Cojo macarrones y un poco de salami: pasta rápida en 20 minutos, receta sencilla y sabor de restaurante

Esta es la cena para los días en que llegas a casa con hambre y sin ganas de pensar. Un paquete de macarrones, unas lonchas de salami, un bote de tomate y un puñado de aceitunas, y en veinte minutos tienes un plato con sabor de trattoria.

Pasta con salami y tomate: lista en veinte minutos.
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El secreto está en el salami. Al dorarlo en la sartén suelta su grasa y su aroma, y esa grasa se convierte en la base de la salsa, el mismo principio que usa la pasta italiana con guanciale.

Los ingredientes

Para tres o cuatro raciones:

  • 300 g de macarrones.
  • 150 g de salami, en tiras o lonchas finas.
  • 200 g de salsa de tomate o tomate triturado.
  • 2 dientes de ajo.
  • 70-80 g de aceitunas deshuesadas.
  • 70 g de parmesano u otro queso curado rallado.
  • Sal, pimienta negra y un chorrito de aceite.

Las aceitunas aportan el punto salado y amargo que equilibra el tomate. Las negras tipo Kalamata o las de Aragón le dan más carácter; las verdes manzanilla, un sabor más fresco.

Salami en lonchas finas: al dorarlo suelta la grasa que hace de base de la salsa.

Paso a paso

  1. Cuece la pasta en agua con sal hasta que esté al dente. Antes de escurrir, reserva medio vaso del agua de cocción.
  2. Dora el salami en una sartén sin aceite, 2-3 minutos, hasta que suelte la grasa.
  3. Añade el ajo picado y deja solo 30 segundos, para que no se queme.
  4. Incorpora el tomate, las aceitunas en rodajas y pimienta, y deja cocer 3-4 minutos.
  5. Echa la pasta escurrida a la sartén con un chorrito del agua reservada y remueve bien.
  6. Retira del fuego, añade casi todo el queso rallado, mezcla otra vez y sirve con el resto por encima.

El agua de cocción es el ingrediente que distingue esta pasta de una casera cualquiera. Lleva el almidón que suelta la pasta, y ese almidón une la grasa del salami con el tomate en una salsa cremosa que se pega a cada macarrón.

El queso va siempre fuera del fuego. Con la sartén todavía al rojo, el parmesano se apelmaza en grumos en lugar de fundirse en la salsa.

Si la salsa queda demasiado espesa al añadir el queso, otro chorrito del agua de cocción la deja suelta y brillante en unos segundos.

Con embutido español

La receta admite casi cualquier embutido curado de la nevera, y cada uno cambia el plato. El salchichón da un resultado suave y muy parecido al salami; el chorizo aporta pimentón y un color más intenso, y el fuet, troceado en daditos, queda crujiente y sabroso.

Con el chorizo y los embutidos más picantes conviene reducir la sal de la salsa, porque ya traen la suya. La pasta tampoco necesita ser macarrón: los penne o los rigatoni sostienen igual de bien una salsa con tropezones.

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Es una receta de despensa en el mejor sentido: casi todo aguanta semanas en el armario o en la nevera, así que se puede tener lista para el día en que no hay nada pensado para cenar.

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